Zapatero a tus zapatos

Agustín Basilio de la Vega

El fin de semana, el presidente de México anunció en Salina Cruz, Oaxaca una inversión de 120 mil millones de pesos para las diferentes obras del “Corredor transístmico”, mismas que incluyen la modernización de los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos, de la vía del ferrocarril a cargo de Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec. S.A. de C.V. así como la construcción de un gasoducto, entre otras acciones.

Si bien estos proyectos son muy importantes para el país y no se agotan en un solo sexenio, el enfoque que tiene la presente administración no cuenta con el suficiente músculo y empuje para detonar la inversión de manera eficaz y sostenida. Convertir a México en una plataforma logística de Norteamérica requiere, ante todo, confianza y participación de los inversionistas, y eso únicamente es posible con estabilidad política y un auténtico Estado de derecho.

La posición geográfica de México es una ventaja comparativa, pero se ve mermada por el constante ataque del gobierno mexicano hacia las empresas privadas a las que descalifica una y otra vez. Desde la cancelación del NAIM, la economía mexicana dejó de crecer, y el desempleo y la pobreza aumentaron. Para revertir esa tendencia es fundamental la certeza jurídica y la seguridad.

El amago permanente de revertir las reformas estructurales que han modernizado a México, tales como la reforma energética que abrió este sector a los particulares, hacen que las inversiones extranjeras y nacionales desconfíen de la administración y que los recursos financieros no fluyan a mayor velocidad. Lo anterior tiene como resultado tiempo y oportunidades perdidas para millones de mexicanos que consumen sus vidas sin obtener buenos empleos y mejores salarios.

Otro grave error es poner al ejército de constructor y de empresario. En el evento de Salina Cruz, el presidente señaló que los proyectos están a cargo de la Secretaría de Marina (SEMAR) para evitar la corrupción o que se entreguen a intereses particulares. En una democracia con economía de mercado, el gobierno es el árbitro no el propietario, y la suma de los “intereses particulares” son los de la nación, o sea, de los trabajadores, los profesionistas, los emprendedores, etc.

Pero quizás el peor anuncio es que “se va a crear una sola empresa que va a depender de la SEMAR, para que cuando terminemos (el gobierno de AMLO) no vaya a ser que regresen los corruptos y van a querer privatizar y vender todo”. Las empresas paraestatales han demostrado que no son eficientes y la naturaleza de la Secretaría de Marina no es compatible ni con el manejo de puertos y menos de ferrocarriles o parques industriales, más bien, su misión es resguardar el territorio, las costas y los mares nacionales.

El presidente no ha aprendido del error de remodelar la base aérea de Santa Lucia. No sólo salió más cara que terminar el NAIN (de acuerdo con datos de la ASF), sino que además no funciona como aeropuerto internacional y ha perjudicado las operaciones del aeropuerto Benito Juárez. Este desastre le está costando al país décadas y miles de millones de pesos perdidos, cuyos efectos ya se están sintiendo.

¿De qué sirve construir obras en muchos casos inviables como trenes, puertos y aeropuertos, con impuestos que pueden estar mejor invertidos en salud, seguridad y educación? ¿Por qué entregarlas en administración a entidades cuya responsabilidad es la seguridad y no la economía del país? Bien dice el refrán popular: “zapatero, a tus zapatos”, pues a nadie se le ocurre ir con el mecánico para que te enyese una pierna fracturada, se va con el traumatólogo. Estas malas decisiones son las que hacen que las obras se realicen sin estudios ni proyectos, sin viabilidad técnica ni financiera y que hundan más la economía y el futuro de todos los mexicanos.

Twitter @basiliodelavega

13 de junio de 2022

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