El ¨Marqués¨ Hernández: veracruzano olímpico

24 de abril de 2024 01:36
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  • Hace casi 100 años que Veracruz vio al primer jarocho llegar al podio de unos Juegos, en Berlín 1936; la Selección Nacional de basquetbol zarpó del Puerto de Veracruz a bordo del buque alemán Orinoco

Katya López Cedillo

Veracruz, Ver.- La tradición veracruzana en el beisbol es longeva, pero fue en el basquetbol donde, hace 98 años, Veracruz vio a su primer paisano en el podio de unos Juegos Olímpicos.

Nacido en el último día del año de 1908, en el puerto de Veracruz, Silvio Hernández del Valle tenía una identidad clara en el equipo: el único veracruzano, con tan elegante porte que le llamaban ‘El Marqués’ y aunque como buen jarocho era bromista, alegre y bueno con la música pues sabía tocar le piano y la guitarra, por lo general prefería la soledad.

Era 1936 cuando el presidente Lázaro Cárdenas ordenó crear el Instituto Politécnico Nacional; en ese año Eduardo VIII fue nombrado el nuevo monarca del Reino Unido -aunque abdicó meses después- y en Alemania, Adolph Hitler cumplía el segundo de 11 años como líder de su patria; fue entonces y fue allí, en Berlín, que se realizaría la 11ª edición de los Juegos Olímpicos de Verano.

Unos Juegos que la historia ha dejado en la controversia, pues mientras unos buscaban enaltecer el espíritu olímpico y los valores que encausa la hermandad; otros: los anfitriones, que acababan de perder la Gran Guerra y buscaban un sentido patriótico para dignificar el vapuleado orgullo alemán, planeaban usar el evento como propaganda que enalteciera tanto el nacionalismo exacerbado, como el concepto de una “raza superior”.

Aquella fue la segunda vergonzosa ocasión en que los aros olímpicos y la svástica nazi se unieron en un mismo evento (pues meses antes, en Garmish-Partenkirchen, también en Alemania, se realizaron los Juegos Olímpicos de Invierno y allí también se entrelazaron ambos logos).

En la justa veraniega, el basquetbol haría su debut y desde un pequeño puerto en el Golfo de México, un alto y elegante joven de 28 años de edad preparaba su maleta para viajar hasta Europa y unirse a la Selección Mexicana de Basquetbol que jugaría en los Olímpicos de Berlín 1936.

Tras ser convocado por el entrenador Alfonso Rojo De la Vega, Silvio, un férreo elemento en el tablero, se alistaba para un nuevo compromiso bajo los colores de México, pues antes ya había jugado para la Selección Nacional: durante los Juegos Centroamericanos y del Caribe de La Habana 1930 y ganó oro tras superar a Cuba; cinco años después, en esa misma justa, pero en la edición de San Salvador 1935, contribuyó a que México retuviera el título regional, tras superar de nueva cuenta a ’La Mayor de las Antillas’.

Para Silvio no era nuevo llevar el uniforme de México, pero sí sería una aventura inédita la experiencia olímpica que conllevaban los casi 30 días de viaje en barco que les tomaría llegar a Europa.

El 30 de junio de 1936 la Selección Nacional salió del Puerto de Veracruz a bordo del buque alemán Orinoco con destino a Hamburgo y con tres escalas en ciudades españolas. Los mexicanos entrenaban a diario en altamar, bajo la mirada atónita del resto de los pasajeros, pero al arribar a Santander, España, las cruentas hostilidades de la Guerra Civil les impidieron bajar a tierra y por mar debieron seguir hasta Hamburgo, para luego tomar un tren hasta por fin tocar la tierra olímpica de Berlín, donde el 1 de agosto se realizó la Ceremonia Inaugural, misma que al finalizar vio un hecho inédito que ningún mexicano olvidó: Hitler y sus más cercanos colaboradores bajaron del balcón del Estadio Olímpico para saludar personalmente a las delegaciones participantes.

Pero entrados en la cancha, aquel primer torneo olímpico de basquetbol fue también el más concurrido con 22 naciones en contienda (por América Latina, además de México estaban: Perú, Chile, Uruguay y Brasil).

Las canchas temporales se instalaron al aire libre, en áreas de competencia de tenis, por lo que en vez de duela el suelo era de arcilla, con improvisados tableros de madera.

Una vez inscritos los equipos, se determinó el sistema de juego: habría tres rondas eliminatorias, con tres rondas de repechaje, una fase de cuartos de final, otra de semifinales y la gran final en la pelea por el oro, más el partido para definir al acreedor del bronce.

El 7 de agosto de 1936, a las 18:00 horas en Berlín, México debutó ante Bélgica con un triunfo por 32-9; pero en la segunda fase, el 9 de agosto, nuestro país cayó ante Filipinas 30-32 y no por superioridad asiática, sino por los desencuentros entre los propios mexicanos, pues unos preferían contener el balón y hacer la jugada por su propia mano, antes de pasarla a un compañero de otro estado; el pleito principal era entre los de Chihuahua y del antiguo Distrito Federal. Fue tal la hostilidad que el equipo entero estuvo a punto de ser expulsado por la Jefatura de Misión de México, pero tras ese tropiezo ególatra que conllevó una derrota, dejaron atrás las diferencias y al día siguiente, en el repechaje de la Ronda 2, salieron triunfantes sobre Egipto por 32-10.

México clasificó a la 3ª fase y el 11 de agosto venció a Japón por 28-22 y en los Cuartos de Final superó a Italia por 34-17.

Al cruzar la llave, en las semifinales, la Selección Nacional se enfrentó a la quinteta favorita: Estados Unidos y cayó por 10-25; aunque el marcador parece humillante, México fue el único país con el que, hasta esa fase, la Unión Americana tuvo un marcador tan cerrado y a su vez, México fue el único que hasta entonces permitió menos de 30 puntos en contra.

México no llegó a la final y parte del sinsabor fue aquella derrota ante Filipinas, por los divisionismos internos; sin embargo, el 14 de agosto los jugadores vencieron a Polonia por 26-12 para lograr la medalla de bronce y ser el primer país de América Latina que se colgó una medalla olímpica en un deporte de conjunto; en ella quedó inmortalizado Veracruz, bajo el nombre de Silvio Hernández del Valle.

‘El Marqués’, se mudó a la Ciudad de México, donde murió el 20 de marzo de un año olímpico: 1984, cuando tenía solo 75 años del edad.