El bullicioso callejón xalapeño

  • El callejón González Aparicio, conocido como el Callejón de la Cerbatana, en la ciudad de Xalapa y muere de día y resucita de noche con espectáculos de Drag Queen, bebidas cubanas y música pop

Javier Salas Hernández / Identidad Veracruz

Xalapa, Ver.- Ni el estridente ulular de las sirenas hacen que despierte del letargo en el que cae tras una larga vigilia de bohemia. Es el callejón que muere de día y resucita de noche.

El callejón González Aparicio, conocido como el Callejón de la Cerbatana o de las Brochas de Arrieta, se ubica en pleno corazón de la ciudad, se ha convertido en punto de encuentro para los noctámbulos.

Tiene su origen en la época colonial y las construcciones todavía conservan ese toque peculiar de riqueza y poder que caracterizaron a españoles, peninsulares y criollos.

Hoy transita por un estilo ecléctico que mezcla objetos clásicos y modernos, convertidos en un área comercial entre pequeños restaurantes, cafeterías y bares. Durante el día no son muy frecuentados esos establecimientos que abren sus puertas para ser admirados por su estructura colonial.

El callejón empedrado no amortigua el sonido que produce el choque de los tacones con la piedra caliza y, aun así, el callejón sigue en su letargo.

La luz natural hace relucir los tradicionales balcones coloniales con sus ventanales y sus profusas puertas de madera, que contrastan con las protecciones pesadas de fierro y con el enorme domo en acrílico que protege de las inclemencias del tiempo.

En ese estado de inconsciencia profunda y prolongada, aun se puede percibir el aroma del café que se mezcla con el olor de la cebada y el tabaco. Conforme avanza el día, este callejón empieza a salir del largo letargo.

Al acercarse el ocaso se empieza a vestir con sus mejores galas, se prepara para hacer lo que sabe hacer: vivir de noche. Con espectáculos de Drag Queen, bebidas cubanas y música pop que invaden la zona.

Aquí, la noche se detiene y vuelva a caminar con la llegada del crepúsculo, la antesala para que, en pocos minutos, el callejón vuelva a morir de día.