Emiliano Zapata, ejemplo de defensa de la tierra y honestidad a favor de los campesinos

12 de abril de 2024 22:20
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En Baja California Sur, el presidente Andrés Manuel López Obrador dedicó la clase de historia a Emiliano Zapata (1879-1919), líder revolucionario que defendió los derechos de las mujeres y hombres campesinos a partir del lema ‘Tierra y libertad’.

En la reseña escrita por el mandatario en su último libro ¡Gracias! argumentó que la vida del también conocido como El Caudillo del Sur está vinculada a la tierra y a las enseñanzas de los antiguos pueblos de México.

El movimiento agrario inició en Morelos, específicamente en el pueblo natal de Zapata, Anenecuilco que, al igual que otras comunidades, padeció la invasión de tierras por parte de hacendados porfiristas.

Antes de la Revolución Mexicana, los pobladores de Anenecuilco, municipio de Ayala, coexistían en conflicto por defender las tierras y la libertad de los propietarios de la hacienda El Hospital, perteneciente a la aristocrática familia Escandón de la Ciudad de México.

A consecuencia de la prepotencia e influyentismo permitidos durante la dictadura de 34 años de Porfirio Díaz, los hacendados se acostumbraron a invadir tierras que, desde los tiempos de la Colonia, pertenecían al pueblo, como se demostraba en títulos y planos de siglos atrás, explicó el mandatario en conferencia de prensa.

El gobernador era empleado de los hacendados, por lo que las solicitudes del pueblo sobre el derecho a las tierras no tenían respuesta. En una ocasión, narró, el dueño de la hacienda El Hospital le contestó al gobernador de manera ofensiva: «Dígales a los de Anenecuilco que, si quieren sembrar, que siembren en maceta».

Llegó el día en que autoridades de Anenecuilco convocaron a una asamblea extraordinaria a fin de tomar una trascendente decisión. Los representantes mayores informaron «Ya no podemos. Necesitamos sangre nueva, necesitamos otra directiva, con jóvenes». En ese encuentro, eligieron a Emiliano Zapata, un joven que hablaba poco. Sólo dijo: «¿Me van a apoyar?», le respondieron en la asamblea: «Sí, nada más fájate los pantalones».

Zapata presentó sus escritos y se dio cuenta de que no lograría resultados. Por ello, organizó a los campesinos para remover cercas y rescatar la tierra que les correspondía. En ese momento inició el movimiento enfocado a la restitución de tierras que las haciendas habían arrebatado a los pueblos de Morelos y de todo México. «Así se reafirmó una enseñanza mayor: no al abuso, no a la prepotencia, sí a la justicia».

En ¡Gracias!, el jefe del Ejecutivo destacó un hecho histórico que demuestra que Zapata, como la mayoría de los mexicanos hasta la fecha, llevó a la práctica un valor heredado por las civilizaciones antiguas: la honestidad.

Al inicio de la Revolución, Zapata y el presidente Francisco I. Madero (1873-1913) fueron buenos aliados y amigos. El 8 de junio de 1911, día siguiente a la entrada triunfal de Madero a la Ciudad de México luego de derrocar el régimen porfirista, el Apóstol de la Democracia invitó a Zapata a su casa y, de manera espontánea, le ofreció gestionar un rancho como premio por su dedicación al movimiento maderista, sin embargo, Zapata explicó con sencillez «que no entró a la revolución para hacerse hacendado».

“Esa es la honestidad de los dirigentes, ese es el ejemplo que se debe de seguir. Es preferible heredar a los hijos pobreza, pero no deshonra, y ya sabemos que la felicidad no es acumular bienes materiales, riquezas, fama, títulos; la felicidad es estar bien con uno mismo, estar bien con nuestra conciencia y estar bien con el prójimo”, subrayó ante representantes de medios de comunicación.

“La mayor riqueza de México es la honestidad de su pueblo, eso se heredó de la época prehispánica. La avaricia llegó con los invasores; la honestidad se practicaba, es parte de nuestra idiosincrasia, se practicaba de tiempo atrás en nuestro país, se sigue practicando”, agregó.

La unión entre Madero y Zapata duró relativamente poco debido a los intereses de políticos y militares de la antigua administración de Porfirio Díaz, quienes terminaron por imponer la máxima de que Madero «no debía parlamentar con bandidos».

“Dejaron a Madero sin base social y en los brazos de los militares golpistas del régimen de Porfirio Díaz que le quitaron la vida. La enseñanza mayor en esta historia es: no separarse nunca del pueblo. Cuando uno quiere transformar, hay que apoyarse en el pueblo, no divorciarse del pueblo. Siempre con el pueblo; el pueblo es leal, el pueblo no es como piensan algunos ‘malagradecido’. No, se puede uno confiar, apoyar en el pueblo, confiar en el pueblo. A mí me han sacado a flote siempre los de abajo, siempre ha sido el pueblo”, abundó el titular del Ejecutivo.

Al enfatizar la relación estrecha entre Madero y Zapata, el presidente López Obrador sostuvo que si el presidente Madero hubiera enarbolado la bandera de la entrega de la tierra a sus verdaderos dueños, es decir, a los campesinos, habría logrado materializar el ideal democrático que encabezaba en la Revolución Mexicana.

Emiliano Zapata fue emboscado y asesinado el 10 de abril de 1919 en la Hacienda de Chinameca, en Ayala, Morelos, por fuerzas carrancistas, luego de que Jesús María Guajardo lo traicionara.

En el propósito de conocer más sobre la vida de El Caudillo del Sur, recomendó a los jóvenes consultar el libro ‘Zapata y la Revolución mexicana’, del historiador y economista estadounidense, John Womack, quien investigó de manera exhaustiva los archivos de los pueblos.

El próximo lunes 18 de marzo el mandatario tratará la vida y enseñanzas del revolucionario del pueblo, Francisco Villa.

Las cápsulas de historia dedicadas a la juventud, dijo, abonan a la comprensión del presente y de la herencia política que tiene el país.

“Yo tengo que hablar sobre la historia, que es la maestra de la vida, y es lo que nos ayuda a entender mejor el presente porque no hay texto sin contexto y tampoco se puede saber sobre la realidad de hoy sin conocer el pasado, de dónde venimos. Siempre hay que contextualizar para entender mejor las cosas. (…) México es un gran país, que no quede la menor duda. México es una potencia cultural en el mundo. Casi, casi es válido el dicho de que ‘como México, no hay dos’. Esto para sentirnos muy orgullosos de lo que somos”, afirmó.