En un mundo global y en la era digital, somos seres solitarios: Guillermo Mora Tavares

El periodista Guillermo Mora Tavares. Foto Paloma Mora
  • A los seis años escuché por vez primera el teclear de una redacción y, aspire el olor a tinta acompañado del mantra continuo que emana de la rotativa.
  • La Mujer ahora está en su puesto verdadero, empoderada dicen. Aunque falta mucho, mucho más.
  • Cuando fui dueño y director de la revista Época, había paridad de género en todas las áreas.
  • El fotoreportero Pedro Valtierra y yo fuimos secuestrados por los milicos de Somoza en Managua, nos iban a matar y… nos salvaron guerrilleros sandinistas y un piloto de COPA.
  • Y, secretos. Tengo uno bien guardado: Sé cómo fue el fraude electoral de 2006.

Carlos Alberto Duayhe

Guillermo Mora Tavares es,  por decir lo menos, un periodista único, acucioso, refinado, amable en su trato y más que reconocido por su decidida participación en acontecimientos tan difíciles pero valiosos en la muy interesante e incipiente cultura democrática de México, ocurrida en las últimas cinco décadas de su vida profesional.  Lo distinguen además sus vivencias tanto entre las elites con las que trató en múltiples foros y convenciones mundiales, como en muchas que le ocurrieron en  comunidades más apartadas y a veces peligrosas de esta gran esfera inasible. Fue reportero de empresas importantes (Excélsior, Proceso, unomásuno, El Universal, la revista Época (de la que fue propietario y director general). Orgulloso, sí, de su familia; sus hijas Norma y Paloma y tres nietas, sus adoraciones. Ha librado su salud con toda luz. Guillermo, por lo demás, está lejos de apartarse de su principal cualidad: amigo de sus fieles amigos.

-Guillermo, algo de tu infancia ¿cómo fue?

-Cuando recuerdo mi infancia, la vuelvo a vivir. Caminar unas pocas cuadras hacia la escuela, por calles de tierra que tendrían pavimento años más tarde. Fui párvulo de dos ancianas vecinas y, a los cuatro y cinco años me entretenía hojeando libros en la biblioteca de mis tíos Mario y Alejandro. Jugué con un triciclo hecho por mi papá y ayudé a mi abuelo Juventino a hacer maquetas para sus trenecitos eléctricos. Vivíamos en la planta baja de la casa construida por don Refugio Reyes, el arquitecto sin título autor de obras majestuosas y consagradas en Aguascalientes, hoy centro cultural. A los seis años escuché por vez primera el teclear de una redacción y, aspire el olor a tinta acompañado del mantra continuo que emana de la rotativa: Acompañaba a mi tío Mario Mora Barba al Sol del Centro, donde era prestigiado periodista. Sí, una  infancia feliz, con amor familiar y el éter de una ciudad tranquila con silbato de Ferrocarril.

-¿Y cómo fue tu formación?

Solo terminé la preparatoria, aunque después y sin licenciatura, asistí a talleres de los gurús de las finanzas mundiales, cuando cubrí asambleas del Fondo Monetario, del Banco Mundial y del BID, en Washington, Belgrado, Montego Bay, Madrid, Río de Janeiro y otras ciudades. También cursé Diplomados en el ITAM, CIDE, FEZ Acatlán y Universidad de la Ciudad de México. Aprendí en las redacciones.

Ferrocarril en su infancia en Aguascalientes

 

-Ahora dime ¿tus incursiones en el mundo profesional del periodismo?

-En la secundaria hice un periódico: Antorcha Estudiantil. Mensual y autosostenible por anuncios de despachos y consultorios, de maestros. Adolescente, hice Escoleta (aprendiz, meritorio) en El Sol del Centro donde publiqué mi primera nota firmada en 1964. Después, entré a trabajar en El Heraldo, donde mi primer sueldo fue de 10 pesos diarios y luego de 20. En mi caso, fue determinante la influencia familiar de mis tíos Mario y Juan José y, mis juegos pubertos en la redacción.

-¿A quién o a quiénes, mujeres y hombres, les tienes especial admiración?

-A mi madre ¿Cómo le hizo, con siete hijos? Todos a la mesa a la hora de los alimentos. Limpios y peinados, con ropas bien planchadas. Y, educados con los valores y costumbres de un hogar provinciano. Honestidad y verdad. No éramos ricos, tampoco pobres. Admiro a Roberto, mi amigo el Chamán Cuautlitzin, guardián de sabiduría y tradiciones mesoamericanas. De una sabiduría sin límites, sanador y maestro de sanadores. En el contexto de la pregunta, tengo vivas las sensaciones de mis encuentros con Juan Pablo II y el comandante Fidel Castro.

-¿Y de las mujeres en el periodismo y múltiples actividades?

Mis hijas Norma y Paloma, son mi mejor respuesta. Han pasado por redacciones o  laboratorios de fotografía. Norma es editora en español de Babycenter.com y;  Paloma es editora de la revista digital Latidos NZ, en Nueva Zelanda. Siempre he trabajado con hombres y mujeres por igual, sin distinciones. Cuando fui dueño y director de la revista Época, había paridad de género en todas las áreas. La mujer ahora está en su puesto verdadero, empoderada dicen. Aunque falta mucho, mucho más. Hay tremendo machismo en México, aunque no tanto como en España, Italia o Japón.

Encuentro de Guillermo Mora con el papa Juan Pablo Segundo.
-En tus andares por la vida ¿algunas de tus experiencias más sentidas?

– No acabaríamos. He vivido intensamente. Conozco el país entero… He estado en 141 países. ¿Qué recuerdo como si aún estuviese ahí? El pequeño salón donde fue la Última Cena de Jesús, en Jerusalén. Subí por la escalera interior de la Torre de Pisa. Bajé a la tumba de la princesa Mum En el Taj Mahal. Estuve en las Cuevas de Altamira. Vi una emigración de elefantes de Kenia a Tanzania, en Massai. Estuve junto al Santo Sepulcro en Jerusalén, en un cambio de guardianes. Viajé en el Concorde y, a lomo de Mula en la Montaña de Guerrero. Me pasé tres días en una cueva y juerga gitana, en Sacromonte. El fotoreportero Pedro Valtierra y yo fuimos secuestrados por los milicos de Somoza en Managua, nos iban a matar y… nos salvaron guerrilleros sandinistas y un piloto de COPA. Estuve en la tumba de Tutankamon, en Luxor. Cubrí la Revolución de los Claveles en Portugal, en 1974. Me he salvado de potenciales tragedias aéreas, al menos seis veces. Cubrí una Cumbre Mundial de Chamanes en Los Andes Ecuatorianos, 2005. Soy sobreviviente de dos EVCs.

-Guillermo, de la era digital ¿qué puedes decir?

-Desde 1990 estoy en la era digital y, casi al día con sus avances, Abraham Zabludovsky, Rafael Cardona y yo, trajimos a México el primer sistema de edición digital que en el continente solo tenía la revista TIME. Estoy en receso, aunque a veces publico en plataformas o portales de amigos y colegas.

-En cuanto a las redes sociales ¿qué piensas?

– Las redes sociales me recuerdan un principio búdico retomado por Shakespeare: Nada es bueno ni malo, si no el pensar lo hace así.  Las uso y aprovecho, pero discrimino contenidos, soy selectivo. Paradójicamente, en un mundo global y en la era digital, somos seres solitarios… Hace 20 años Paloma se fue a viajar por el mundo. Es historiadora, fotógrafa y marinera. Por la comunicación digital, siempre estamos en contacto. Admiro y respeto a mujeres y hombres periodistas y editores. Me duele saber de alguien que pierde su empleo o, de un medio que cierra. Sé lo que se siente.

En la revolución Sandinista en Nicaragua. Foto de Pedro Valtierra
-Guillermo, quedan muchos temas, entre ellos inteligencia artificial, será en otra oportunidad. Sin embargo ¿algo que quieras comentar?

-Un Reportero siempre tiene más cosas que decir. Y, secretos. Tengo uno bien guardado: Sé cómo fue el fraude electoral de 2006. Me lo contó uno de los coautores. Y, por supuesto, se puede comprobar. Lo que sé, me hace pensar que la auditoría forense cibernética que hizo la UNAM, estuvo truqueada, o no dijeron toda la verdad. Desde entonces he intentado, sin éxito, decírselo al licenciado López Obrador, con quien jamás he cruzado palabra ninguna. Aún espero a quien me lleve a verlo. No tengo medio para publicarlo y, desconfío de los que hay. ¿Por qué a quienes he pedido poder ver a AMLO no me respondieron, ni se lo dijeron? No lo sé.

Guillermo, con su chaman favorito Cuautlitzin, Roberto Peña, en el temascal Jicure, Atlapulco, Estado de México.