Protectores de tortugas marinas

  • En las costas del Golfo de México una larga tradición de campamentos tortugueros, uno de ellos en las playas de Cazones, encabezado por los García Islas, conformado por Eleazar y Erika, así como sus dos hijos

Édgar Escamilla, Identidad Veracruz

Cazones, Ver.- A lo largo de la costa del Golfo de México campamentos tortugueros que velan por la especie en peligro de extinción.

Y en la comunidad de Chaparrales, una familia dedicada en cuerpo y alma a la lucha por la conservación de las tortugas marinas. Se trata de los García Islas, conformada por Eleazar y Erika, así como por sus dos pequeños hijos.

Allá por el año 2005 se fundó el campamento Totonacapan, con el apoyo de 33 personas voluntarias; cifra que fue disminuyendo al paso del tiempo, muchos de ellos jóvenes que migraron, otros más que han fallecido.

A la fecha son 12 colaboradores que recorren de sur a norte las playas de Cazones, encabezados por los García Islas, quienes a pesar de los constantes obstáculos a los que se enfrentan, han logrado cumplir con su misión de que cada año nazcan más crías y sean reintegradas a salvo al mar.

La existencia de la tortuga se ve comprometida por el crecimiento desordenado de proyectos turísticos en las costas mexicanas, la construcción de desarrollos inmobiliarios, la gran cantidad de basura que es arrastrada a los mares, la caza y pesca furtiva, el robo de huevos para consumo humano, y los depredadores naturales.

Al frente de la tarea de salvarlas se encuentra Eleazar García Núñez. “Me sumé como voluntario con Vida Milenaria en Tecolutla, después nos fuimos al campamento oficial que operaba la Dirección General de Vida Silvestre”, recuerda mientras nos preparamos para iniciar el recorrido nocturno para detectar el arribo de las tortugas.

Fue en la comunidad de Chaparrales, sede del campamento, donde conoció a su ahora esposa, Erika Islas, una joven con la que procreó a dos hijos, quienes le acompañan en esta cruzada durante 8 meses al año.

Un par de horas antes habíamos acompañado a Erika a revisar los nidos del corral de protección en el campamento para localizar a las crías recién eclosionadas y liberarlas en la playa.

“En ocasiones hay una situación de desencuentro porque también se cansan de andar caminando, de andar en la noche, de no dormir bien. Mi esposa se sumó al proyecto, se han sumado, nos mojamos, nos pican los moscos, reímos, lloramos porque no es nada fácil”, comparte.

Ser conservacionista es un trabajo 24/7, en el que en cualquier momento puede recibir una llamada vía radio para ir a apoyar a alguna tortuga detectada por los voluntarios.

El sacrificio ha dado resultados. En su estadística cuenta con un pico máximo de 4,500 nidos y un mínimo de 2,500 nidos, registrado en el año 2020. Sin embargo, dista mucho de los 1,080 nidos que registraron en el 2005 al inicio del campamento.

Conforme avanzamos en la caminata los últimos rayos de luz se esconden tras los lomeríos, mientras en el horizonte marino comienzan a verse las luces de las plataformas y los buques petroleros que esperan descargar en la terminal de Tuxpan.

La actividad petrolera en el Golfo ha causado estragos, en diversas ocasiones han tenido que retirar el chapopote que llega hasta las playas.

El campamento se sostiene mediante proyectos a través de la Comisión Nacional de Áreas Protegidas, pero estos recursos no alcanzan para solventar los gastos que se generan durante todo el año, por lo que tienen que recurrir a realizar diversas actividades de recaudación.

Se requieren al menos 2 millones por temporada para cubrir las playas desde Tecolutla hasta Cazones con 20 personas.

Durante la caminata de más de un kilómetro y medio pudimos encontrar gran cantidad de huellas de las tortugas, muchas de ellas que salen por un momento a tierra firma y se regresan al agua; otras más se adentran y comienzan a cavar en la arena para depositar sus huevos, pero se debe ser muy cauteloso o de lo contrario abandonarán el acto y retornarán al mar.

De regreso encontramos infinidad de cangrejos que aprovechan esta temporada para completar su ciclo reproductivo; se trata de otra de las especies en riesgo por la captura para consumo humano.

La mayor parte de la comunidad dormía cuando regresamos, no así los guardianes de las tortugas, que se organizan todas las noches para cuidar de ellas.