Breve nota de “Hasta Luego” al padre Misael

Por Héctor Osoriolugo

 “Y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.”

Jaime Sabines.

Dedicado, en forma fraterna, a Marilú.

Un mes después del deceso del padre Misael Cruz Sánchez, sacerdote veracruzano, el 20 de agosto de 2022 en la Ciudad de México, vaya esta nota para quienes lo conocieron y para quienes no: que sirva de “hasta luego”, pues ya nos volveremos a encontrar. Espero.

UNA VIDA DE TRABAJO

Por los días en que nos dejó me buscaban para datos de su biografía; pienso que no hay mejor semblanza que recordar que fue largamente colaborador de don Sergio Obeso, tanto así que no entiendo cómo al ser designado en su momento obispo de Papantla Obeso no lo haya invitado a colaborar allá. Había sido secretario con él en el seminario de Xalapa; ya con don Sergio como arzobispo fue vicario general, secretario ejecutivo de la provincia eclesiástica de Veracruz y las cosas hubieran seguido pues a la muerte de Ernesto Corripio, arzobispo primado de México, Sergio Obeso era su seguro sucesor: “¡ya nos hacíamos en México!”, nos dijo corriendo un velo el siempre discreto padre Misael.

Como pastor fue 23 años párroco de El Calvario, una marca de antigüedad en una misma iglesia. No obstante los años transcurridos sus, más que fieles, compañeros y amigos de esa comunidad fueron a la ciudad de México a su funeral.

El padre no solo vivió en Estados Unidos e Italia. Más allá de sus estudios tuvo en diversas épocas estancias en Kleinwallstadt, Alemania (donde era muy querido) y en Brujas, Bélgica.  Fue un ciudadano del mundo.

LAS RAZONES DE SUS AMISTADES

Aquí, personas que lo conocieron dan razón de él…

Guadalupe Cosme dijo alguna vez: “no hay sacerdote más admirable que el padre Misael”. “Es un verdadero pastor”, afirmó el padre Álvaro Fernández. Flor de María Flores publicó: “Cuando tuve el gusto de conocerlo quedé admirada de su personalidad.” Luego de recibirme un mensaje del padre, Raúl Carrasco me escribió esto: “Es reconfortante escucharte y, a través de ti, la bendición del padre Misael. Estar en la mente de alguien es vivir dos veces; cuanto mejor si esa persona marcó nuestra vida y, así, al pasado lo hace presente. Que el Altísimo le recompense lo que nosotros no…”

LA RAZÓN DE UNA GRAN AMISTAD

Cuando vivimos esa etapa tanto atroz como fascinante de la adolescencia, nuestra soledad es la más grande que se pueda vivir. Alcanzo a ver que es mayor que cuando la decrepitud misma. En esta sabemos que se acerca un cierre, pero en aquella se acerca un “abre”: ¿cómo abrir?, ¿cómo accionar el picaporte de nuestro porvenir? Clamamos al cielo: “así te preguntaba; como le preguntamos a Dios en la sombra de los quince años”, diría Dámaso Alonso.

Pues en una de esas tuve la necesidad de confiar algo que viví, que se me escuchara. Busqué al padre Misael, que fue mi oidor atento. Como yo no quise omitir detalle por la incertidumbre aquella de olvidar algo importante, lo tuve 8 horas continuas –solo interrumpidas por la cena- un día, y 4 al siguiente escuchándome al pobrecito. Una marca suya más para un libro de récords.

Probablemente ahí esté la respuesta a una pregunta que algunas personas y yo mismo nos hacemos: ¿cuál fue la razón de la amistad tan grande entre el padre y yo?

Misa exequial del padre Misael Cruz Sánchez presidida por el padre Rafael González Hdz., el 22 de agosto de 2022 en la Ciudad de México. A la izquierda, fieles provenientes de Xalapa. A la derecha, el autor de esta nota.

HABLAN EL PADRE RAFAEL Y EL PADRE MISAEL

En las exequias, el padre Rafael González recordaba sus conversaciones con el padre Misael donde este se preguntaba por la razón de su vida ya muy enfermo: “Y yo le contestaba: para lo que le he dicho, para que ore usted, para que ofrezca sus sufrimientos, su pasión –esto es, su padecer humano- por las necesidades de los demás. Y al final entregará usted el espíritu al padre”.

A propósito de ese último punto, habla ahora el propio padre Misael: “¡Yo te alabo padre, señor del cielo y de la tierra! porque así te pareció bien. (…) en tus manos pongo toda mi vida. Dios padre (…) que eres todo bondad, todo ternura, yo espero en ti: yo confío en ti y en tus manos benditas pongo toda mi vida… sin pretender nada, sin juzgar nada, sin buscar nada; recibiendo y dándote gracias. Amén.”