Guardia Nacional

Agustín Basilio de la Vega

El presidente López Obrador cambió de opinión y desde que tomó el poder no sólo apoya que el ejército mexicano esté patrullando las calles, ahora también le ha encomendado la construcción de infraestructura, la administración de servicios bancarios y del sector de comunicaciones y transportes.

Recientemente insiste en que la Guardia Nacional se incorpore plenamente a las fuerzas armadas, pero diputados y senadores no están de acuerdo porque entonces la militarización del Estado mexicano avanzaría, poniendo en riesgo la democracia y abriendo un camino para establecer una dictadura apoyada por las corporaciones castrenses.

La mayoría de los mexicanos estamos de acuerdo, desde tiempos de Calderón o incluso antes, de que el ejército y la marina, de forma subsidiaria, ayuden en materia de seguridad a los cuerpos de policías federales, estatales y municipales, pero no en que sean sustituidas o absorbidas de manera definitiva por los militares.

Las razones esenciales son que la naturaleza de cualquier ejército es diferente al de las policías o guardias civiles, nacionales o como se les llame. Los primeros reciben una formación particularmente útil para la defensa de la soberanía de un país: estudian estrategia y tácticas militares, tienen armas diseñadas para operaciones de guerra y uniformes y equipos de combate, etcétera.

Las corporaciones policíacas, en este caso la Guardia Nacional (antes Policía Federal), requieren de conocimientos, habilidades y actitudes muy diferentes a los militares, ya que su función no es bélica sino de seguridad interna por lo que requieren formación y entrenamiento distintos. Los mandos, por lo tanto, también conviene que sean especializados.

Las estrategias y tácticas, así como los equipos de una buena policía deben estar enfocados en brindar seguridad mediante la investigación, operaciones en cubierto, infiltraciones y estrategias y tácticas especiales que son muy diferentes a las militares y siempre con un marco de respeto a los derechos humanos. Deben ser especialistas en materia jurídica y con estudios avanzados.

En el caso del ejército, la lucha ante otras fuerzas es frontal y se emplean diversos tipos de armamento convencional; la policía, en cambio, no actúa en un campo de batalla sino en calles, colonias y poblaciones dispersas por todo el territorio nacional donde viven de manera cotidiana las personas sujetas de recibir el servicio de seguridad.

En resumen, es importante la cooperación ente ejército y guardia nacional en muchos casos, pero cada quien debe coordinar y encabezar las operaciones según la naturaleza de cada caso: el ejército debe apoyar a la Guardia Nacional un tiempo razonable y de manera limitada en materia de seguridad, y la policía debe apoyar al ejército en casos de conflictos bélicos o cuando se requiera por razones especiales.

Por mucha confianza que se tenga en las fuerzas armadas, ya hemos sido testigos de que no todo les sale bien ni pueden sustituir a los civiles, ya que no son expertos en todos los campos de la vida humana. En el AIFA se demostró que pueden ser buenos constructores pero que sus ingenieros no tienen preparación en materia de infraestructura como sí lo hacen los ingenieros civiles. Insistir en que pueden suplantar aspectos propios de especialistas como es la seguridad pública es un error que además nos puede llevar a corromper a las fuerzas armadas.

Tienen razón los diputados que se oponen entregar al ejército las fuerzas de seguridad pública. Su mando debe ser civil y es conveniente profundizar en la formación y capacitación de policías de carrera en México.

Twitter @basiliodelavega

26 de septiembre de 2022