SUMARIO


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Feliz Navidad

Gustavo González Godina

Decía mi padre q.e.p.d. (y esto no es un Relato Dominical, ya quisiera yo escribir como Miguel Valera y tener la cultura que Él tiene; es sólo una sencilla reflexión acerca de las fiestas que se avecinan), decía mi padre -repito- que “le da uno la carne al diablo y le deja los huesos a Dios”.

Con esto quería decir que cuando uno es joven no se preocupa por si hay otra vida después de ésta, que se entrega uno a los placeres, a los excesos, al sexo… y cuando se llega a viejo empieza uno a pensar en Dios y a tratar de moderarse, por aquello del no te entumas.

Yo no sé si existen el cielo y el infierno, nadie lo sabe a ciencia cierta porque nadie ha regresado de la muerte para decirnos qué pasa después. A veces me pongo a pensar que si no existe un premio y un castigo al morir como nos enseña la Iglesia a los católicos, cómo se va a reír de mí don Carlos Slim… dirá “¡ah pndjos!, los estuve robando de mil maneras con Telmex y Telcel durante toda mi vida, y resulta que no pasa nada después de la muerte…”

Pero inmediatamente a continuación me brinca el antídoto a ese veneno y pienso: “¿Pero y si sí…? Qué nos cuesta por lo menos no joder al prójimo, y por el contrario echarle una mano de vez en cuando a quien lo necesite, ¿qué nos cuesta?”

Siempre que alguien me pregunta si creo que existe Dios y por qué, le explico que mis creencias religiosas tienen que ver más con la razón que con la fe. Creo en Dios no porque me lo hayan enseñado en la doctrina cuando estaba chiquillo, creo en Dios porque mi razón y mi lógica me dicen que existe Dios.

“Mira -les digo- si veo una mesa de madera finamente labrada, mi razón y mi lógica me dicen que necesariamente hubo un carpintero que la hizo, y que por lo tanto ese carpintero es más chingón que la mesa; si veo una computadora, cuyos programas nunca termina uno de dominar por completo (mucho menos todos), mi razón y mi lógica me dicen que necesariamente hubo una persona, un experto en programación, o un equipo de estos que la hizo, y que por lo tanto esa persona o personas son más chingonas que la computadora; y finalmente si veo a un ser humano, cuyo cerebro es miles de veces más complejo que el de una computadora, porque siente, ama, odia, se pone triste, se alegra, se enoja, etc., mi razón y mi lógica me dicen que necesariamente hubo alguien que lo hizo, y que ese alguien es más chingón que todos los seres humanos. Que hay un ser supremo creador del universo y de todo lo que existe, al que algunos llamamos Dios, otros Alá, otros Jehová y no sé cuántos nombres más. Pero la mayoría de los seres humanos reconocemos que hay un Creador. Incluso los masones enemigos de la Iglesia Católica, le llaman el Gran Arquitecto del Universo, abreviado G.A.D.U., aunque para ellos, especialmente en los grados superiores, del 27 al 33, se trata más bien de Lucifer.

Confieso pues que creo en Dios, aunque no confundo a Dios con la religión, a la religión con la iglesia, y a la iglesia con los sacerdotes. Acepto una buena parte de la religión católica, no toda, pertenezco a la Iglesia y conozco sacerdotes verdaderamente santos, como sé de otros que son auténticos demonios, son seres humanos y como tales pueden fallar.

Aunado a lo anterior, efectivamente hay cosas de mi religión que no entiendo y no puedo explicar, pero las acepto, los llamados dogmas de fe, como el de la Santísima Trinidad, la virginidad de María la madre de Dios, la transubstanciación; que Cristo vino a salvarnos; y creo a ciegas en la Divina Providencia, porque me ha sacado de varias broncas cuando más lo he necesitado. No alcanzaría este espacio para narrar los casos.

Del Antiguo Testamento creo pocas cosas, empezando por el cuento del Paraíso y de Adán y Eva, pienso que ni la ciencia ni la religión han podido explicar el origen de la humanidad. Del Nuevo Testamento en cambio lo creo casi todo, porque es histórico, porque lo escribieron los cuatro evangelistas que ni fueron contemporáneos de Jesucristo (excepto Mateo), ni se conocían entre sí, fueron una especie de periodistas que anduvieron investigando y que coincidieron los cuatro en su relato acerca de la vida de Jesús.

Y bueno, en ese Nuevo Testamento, en los Evangelios en que sí creo, está que Dios se hizo hombre, que nació de la Virgen María y que predicó durante tres años antes de ser crucificado por los judíos en tiempos de Poncio Pilatos. La fecha de su nacimiento no es exacta, pero la Iglesia de los primeros tiempos se puso de acuerdo, para celebrarlo, en que tal acontecimiento ocurrió el 24 de diciembre del año 1 de nuestra era.

Y eso es lo que festejamos los cristianos (no sólo los católicos) el 24 de diciembre, la Noche Buena y al día siguiente la Navidad, el nacimiento del Redentor que vino al mundo para vencer a la muerte y rescatarnos del pecado. Al que quiere ser rescatado, al que no pues no, que para eso nos dio el Creador el llamado Libre Albedrío, para que cada quien haga con su vida lo que se le pegue la gana.

Este gran acontecimiento, que celebraremos la próxima semana, fue lo que motivó esta breve reflexión. No pretendo evangelizar a nadie, no trato de convencerlos de nada, no soy un predicador, sólo soy un hombre convencido de su fe, que cree que después de esta vida hay otra (porque he sido testigo de varios hechos paranormales que me dicen que no todo termina con la muerte), y que no se va a burlar de mí don Carlos Slim cuando hayamos muerto los dos.

Usted haga lo que quiera, yo le recomendaría que aproveche estas fechas para meditar en este asunto, que no se pelee con nadie, que no se enoje, que no grite, que se dé un abrazo con sus seres queridos, que les llame a los que están lejos y que les desee a todos, sinceramente, lo mejor. En resumen, que pase usted una feliz Navidad y que sobreviva al próximo año. Ah, y si puede, échele usted una mano a alguien que sea más pobre que usted.

Aunque le haya dado usted la carne al diablo, como decía mi padre, déjele aunque sea los huesos a Dios. Más vale tarde que nunca.