SENTIDO COMÚN

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Gabriel García-Márquez

EL TREN INTEROCEÁNICO: UN GIGANTE DE MARCHA LENTA

El Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec fue presentado como uno de los proyectos insignia de la modernización del sureste mexicano: una obra capaz de transformar economías, unir dos océanos y reactivar una región históricamente abandonada. Pero mientras el discurso presume grandeza, la realidad en el territorio y especialmente en la estación de Coatzacoalcos exhibe fallas tan elementales que resultan injustificables.

Sí, el proyecto avanza, pero arrastra errores operativos que lo hacen ver improvisado donde debería brillar con precisión.

UN CORREDOR INTEROCEÁNICO CON UNA ESTACIÓN QUE NO ESTÁ A LA ALTURA

La ruta entre Coatzacoalcos y Salina Cruz podría ser la joya logística del país: una conexión estratégica entre el Golfo de México y el Pacífico que atraviesa los pueblos más representativos del Istmo. Sin embargo, en el punto de partida que es Coatzacoalcos, lo que debería ser una estación ejemplar se convierte en un espacio caótico, confuso y subdesarrollado.

La falta de señalización mínima es el error más evidente: No hay letreros que indiquen accesos, zonas de espera, taquillas, andenes, salidas ni información básica de operación. Los pasajeros deben depender del boca a boca, de la intuición o de preguntar una y otra vez, como si se tratara de una terminal provisional en vez de una obra estratégica nacional.

¿Cómo puede un corredor interoceánico presumir modernidad si en su puerta de entrada ni siquiera existen letreros visibles para orientar al pasajero?

EL PROBLEMA DE LOS HORARIOS: UN TREN QUE NO CORRE TODOS LOS DÍAS

A esta falta de orden se suma otra falla grave: la ausencia de corridas diarias.
El tren sale un día y regresa al siguiente, lo que crea una barrera logística para quienes buscan usarlo como transporte regular, ya sea por trabajo, turismo o trámites personales.

La programación actual obliga al pasajero a planear viajes forzosamente de dos días, aun si su intención era un traslado sencillo. Peor aún: para quienes viven en el Istmo de Tehuantepec o deben viajar por motivos urgentes, esta calendarización fragmentada hace que el servicio pierda utilidad real.

Un proyecto de esta magnitud no puede darse el lujo de tener una operación tan limitada. Si se quiere que el tren sea una alternativa viable y no un lujo esporádico, los días de salida y regreso deben reconsiderarse. El servicio necesita corridas diarias o al menos una frecuencia que responda a la demanda y no a la comodidad de la administración. Dar un servicio cada 48 horas no es operar un corredor: es apenas mantenerlo vivo.

El corazón del proyecto es la Línea Z, una vía férrea de poco más de 300 kilómetros que conecta el puerto de Coatzacoalcos, en el Golfo de México, con el puerto de Salina Cruz, en el Pacífico. A lo largo de su trayecto, el tren serpentea entre comunidades emblemáticas del istmo: Jáltipan, Medias Aguas, Jesús Carranza, Donají, Mogoñé, Matías Romero, Chivela e Ixtepec.

El viaje completo dura aproximadamente siete horas, uniendo dos mares que históricamente compartieron comercio, cultura y migración.

Días de corrida (Coatzacoalcos ↔ Salina Cruz)

  • Según el calendario en la línea Z, el tren sale de Coatzacoalcos los jueves y sábado a las 08:00 horas con llegada a Salina Cruz cerca de las 14:40 horas.
  • De Salina Cruz hacia Coatzacoalcos las salidas están programadas los viernes y domingo a las 08:00 horas.

Estos datos confirman que no hay una corrida diaria fija, por lo que resulta necesario reconsiderar los días de salida y regreso.

BONDADES QUE NO LOGRAN OCULTAR LOS TROPIEZOS

El Tren Interoceánico tiene méritos indudables:

  • Moderniza vías abandonadas por décadas;
  • Abre puertas a la industria y al comercio;
  • Integra comunidades aisladas;
  • Posiciona al sureste como un nuevo polo logístico;
  • Ofrece una ruta turística rica en cultura y paisajes.

Pero incluso el mejor diseño pierde fuerza cuando se ejecuta sin atención al detalle. Una obra estratégica no puede fallar en lo básico: señalética, funcionalidad, claridad operativa y frecuencia de servicio. Lo que debería ser la vitrina del proyecto, la experiencia del pasajero es hoy su punto más débil.

RETOS QUE EL GOBIERNO YA NO PUEDE IGNORAR

El proyecto enfrenta desafíos legítimos: infraestructura vieja, clima adverso, coordinación comunitaria, necesidad de inversión industrial. Pero la falta de señalización y las salidas intermitentes no son parte de esos retos: son fallas de gestión administrativa.

Estas son las áreas que deben corregirse de inmediato, son cambios que no requieren grandes inversiones, sino voluntad:

  • Señalización completa y profesional en la estación de Coatzacoalcos.
  • Información clara y visible sobre horarios, accesos, procedimientos y rutas.
  • Frecuencia de corridas ampliada, de preferencia diaria.
  • Mejora del flujo y ordenamiento del espacio para evitar confusión.
  • Atención al usuario digna de un proyecto del siglo XXI.

UN TREN AMBICIOSO QUE DEBE EMPEZAR POR ORDENAR SU PROPIA CASA

El Tren Interoceánico puede transformar al sureste y redefinir el futuro logístico del país. Pero ningún megaproyecto será exitoso mientras su operación básica siga tambaleándose.

Coatzacoalcos no puede ser un punto débil del proyecto, debe ser su carta de presentación. Una estación moderna, clara, funcional y con horarios razonables no es un lujo, sino una obligación.

El tren ya está en marcha. Ahora, la administración debe decidir si quiere que el Istmo sea un corredor competitivo o un buen proyecto empañado por errores evitables, porque conectar dos océanos es admirable, pero también lo es colocar señales, ordenar horarios y respetar al pasajero.