La política real no ocurre en trending topics

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Durante meses, se construyó en el ecosistema digital una narrativa catastrofista sobre México. Se habló de crisis institucional, de una supuesta ruptura social y hasta de escenarios que bordeaban lo inverosímil. Esa estrategia, diseñada para posicionar percepciones y no hechos, buscó instalar la idea de un país sin rumbo, sin liderazgo y supuestamente al borde del colapso democrático.

Sin embargo, la política —la verdadera— no se define en algoritmos, sino en plazas públicas. Y en solo una semana, dos hechos desmontaron la manufactura de esa realidad paralela.

Primero, el Informe de Gobierno de Rocío Nahle reunió a miles de veracruzanos en el corazón de Xalapa. No hubo acarreo digital, ni hologramas de apoyo: hubo presencia física, rostros, voces y una gobernadora que rindió cuentas frente a la gente. La narrativa del aislamiento político, sostenida artificialmente desde semanas atrás, se desvaneció ante un hecho incontrastable: la asistencia masiva y voluntaria.

Días después, ocurrió algo similar a nivel nacional. Claudia Sheinbaum convocó a la ciudadanía al Zócalo capitalino y la respuesta desbordó cualquier cálculo. La movilización no fue solo multitudinaria; fue orgánica y simbólicamente contundente. Mostró que existe un respaldo activo, no imaginario, que reconoce los frutos de un proyecto político en evolución.

Lo que queda claro es algo que la oposición subestimó: la diferencia entre conversación digital y convicción social. La primera se compra; la segunda se construye con tiempo, resultados y cercanía. Mientras algunas voces apuestan al desgaste narrativo, la realidad demuestra que el músculo político no se mide en bots, sino en capacidad de convocatoria.

La estrategia de desgaste puede seguir, pero carece de una materia prima esencial: arraigo social. Cuando gobiernos locales y federales responden con políticas públicas visibles, la infodemia pierde combustible.

En la disputa entre percepción artificial y experiencia cotidiana, la balanza comienza a inclinarse hacia donde siempre se afirma la política real: la calle.