Tras un año de insultos y amenazas mutuas, Gustavo Petro, presidente de Colombia, y su par de Estados Unidos, Donald Trump, limaron asperezas y terminaron por elogiarse el uno al otro.
“Fue un honor; una reunión positiva”, dijo Trump a la pregunta de un periodista sobre los resultados del encuentro. “Nueve”, dijo Petro cuando le pidieron que dijera, del 1 al 10, cómo calificaba la reunión.
En la publicitada cita del pasado 3 de febrero, Petro y Trump compartieron la reunión con sus dos cancilleres; eso sí, la Casa Blanca no ahorró baterías y sentó también al vicepresidente JD Vance y al senador Bernie Moreno, de origen colombiano, acérrimo rival de Petro.
Evidentemente, el tema del narcotráfico fue el punto central de la agenda. Esa ha sido la historia diplomática entre Estados Unidos y el país sudamericano desde hace 50 años, cuando Richard Nixon se inventó la guerra contra el tráfico de estupefacientes, que llegó a su punto álgido con el Plan Colombia a comienzos de siglo.
Sobre el tema, el presidente Petro reveló, en rueda de prensa, que “le presenté (a Trump) hojas de inteligencia sobre la cúpula del narcotráfico. Los capos no están viviendo en Colombia y le mostré los nombres propios y sus alias, de los (verdaderos) capos que dominan a los capos en Colombia y que viven en el extranjero, incluido Estados Unidos.
“En la misma línea –agregó– le pedí (a Trump) que sumemos fuerzas para perseguir sus capitales y capturarlos fuera de Colombia, en donde están viviendo, porque si no, no acabamos con el narcotráfico ni en Colombia ni en Ecuador ni en América Latina ni en Estados Unidos.”
PRECISIONES SOBRE LA COCA
No sólo de capos habló Petro; también le aclaró al presidente Trump los datos sobre los cultivos de hoja de coca, la materia prima de la cocaína. Al respecto, dijo que “la agencia antidrogas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se equivocó y Trump lo entendió. La disminución del cultivo ha sido ostensible y me sorprendió el nivel de desinformación en que tenían a Trump”.
Petro, que aún sigue en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros – también conocida como “Lista Clinton”, en la que se encuentran personas y empresas señaladas por Estados Unidos de tener vínculos con el narcotráfico e impedidas, entre otras sanciones, de viajar a ese país–, fue objeto de un permiso especial de Estado y aprovechó su estadía en Washington para visitar la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), en donde cuestionó la eficacia de ese organismo y de la ONU, al tiempo que se reunió con congresistas y dictó una conferencia académica en la Universidad Georgetown.
En la academia, insistió en su propuesta para neutralizar el cambio climático “que llevará al exterminio de la humanidad si seguimos consumiendo el combustible fósil”.
Cuando le preguntaron por su inclusión en la “Lista Clinton” y si lo conversó con el presidente Trump o el secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, le restó importancia y despreocupadamente respondió que “en visitas de Estado no expongo problemas personales”.
Ávida de malos resultados, la derecha colombiana, que vaticinaba un desastre y quería ver “ahorcado a Petro”, se quedó sin argumentos y sólo atinó a decir que el presidente colombiano ordenó bombardeos contra la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) por imposición de Trump.
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, desmintió tal versión. Ni linchamientos ni frases altisonantes. Los dos mandatarios decidieron pasar página y prefirieron el común acuerdo.
Con información de Jairo Gómez, para el diario LA JORNADA



