Columna: Resiliencia Democrática
¿Estamos ante el colapso del morena-gobierno?
Utilizo el chiclé del PRI-Gobierno para actualizar el análisis político del momento que estamos presenciando.
Los últimos gobiernos del PRI en el siglo XX desmontaron al presidencialismo “metaconstitucional”, para darle paso a la alternancia democrática, en un repaso rápido y arbitrario, porque no hay consenso en la academia sobre las etapas para arribar a la frágil democracia se encuentran: a) 1968-1988, la apertura; b) 1988-2000, la transición; y c) 2000-2018, el arribo a la alternancia. Desde mi punto de vista, tuvimos tres alternancias: 2000, 2012 y 2018.
La diferencia es que el PRI tenía a quien dejarle la presidencia de la república, al PAN, un partido que fue democrático de 1939 a 2005, además con la firma del Tratado con la Unión Europea, justo el 2 de julio de 2000, se comprometió a cumplir con dos cláusulas: la democrática y la del respeto a los derechos humanos.
La mediocridad del PAN fue no construir la consolidación democrática, que era la última fase de ese tránsito histórico, porque la democracia necesita gobernabilidad y gobernanza, y no se construyó ese andamiaje institucional, como si lo hizo el PRI durante muchas décadas, y no porque lo quisiera, sino que fue impulsada por la sociedad mexicana, no por los partidos políticos, la sociedad fue la que puso los muertos, las marchas, los bloqueos, la resistencia civil, las movilizaciones para luchar en contra del fraude electoral del partido único.
Es así que sin reglas claras en el juego político, y con una democracia frágil, donde los gobernadores del PRI frente a la presidencia del PAN, primero construyeron la CONAGO, y después se vivió en un “feuderalismo”, donde los panistas optaron por “cohabitar” con el PRI, puesto que como toda transición a la democracia, se debe hacer una revisión del pasado, y Vicente Fox Quesada se rehusó a hacerlo, además clausuró la Reforma del Estado, que fue la que dio origen a la alternancia democrática en el país.
Dado lo anterior, y con toda la legitimidad democrática que tuvo México al inicio de este siglo, la cual se puede corroborar con cualquier medición internacional, al optar por la cohabitación, le dieron paso al inicio de la destrucción institucional en 2006, el primer daño fue hacia el otrora IFE, el cual cayó su imagen por la falacia de un fraude electoral en aquel año, y después vino la defenestración del presidente del IFE, con lo cual, las decisiones desde el gobierno federal se empezaron a producir por los caprichos de un caudilloperdiendo legitimidad el panismo, lo cual produjo la segunda alternancia hacia el PRI, si ese “nuevo PRI” que terminó mayoritariamente en la cárcel, ya que los gobernadores eran metafóricamente el “nuevo PRI”, y la persistente corrupción del sistema político mexicano, provocó la tercera alternancia, donde la gente creyó en una narrativa de “honestidad”, y decidió mandar a los partidos de la transición a dejar el poder político.
Pero lo que experimentamos de 2018 a 2026, primero fueron los errores de un presidente bisoño como Enrique Peña Nieto de 2014 a 2018, veamos sus tres grandes errores: a) darle el registro como partido político a morena, si bien cumplió con los requisitos formales de las asambleas y los militantes sus estatutos eran y son antidemocráticos, y ese es un requisito de ley para no otorgar el registro, tal y como pasó en 2003 con el Partido de la Rosa de Gilberto Rincón Gallardo; y en 2009, con el partido de los albañiles; y b) el apoyo electoral del PRI en 2018 a AMLO, tan sólo se deben revisar los resultados electorales del estado de Hidalgo para consolidar este análisis; y c) la usurpación de su presidencia de junio a diciembre de 2018, porque quien tomaba las decisiones era el presidente electo.
Dado lo anterior, la primera pregunta que se debe hacer, es: ¿cómo es posible que un partido emergente en un país como México pueda ganar una elección presidencial?, si se analiza la elección federal de 2015, donde morena sólo ganó un diputado en el Estado de México (Texcoco), 11 en el CDMX (entorno natural porque había gobernado), y 2 en Veracruz (Xalapa y Coatzacoalcos), y sólo obtuvo el 8% de la votación nacional con 3,3 millones de votos; en donde, por cierto el PT perdió el registro como partido, y el sistema político le organizó una elección extraordinaria en el Distrito 1 de Aguascalientes, donde sólo participó ese partido con el único fin de que volviera a obtener su registro, violando toda la legalidad electoral.
Hacia la elección de 2018, morena en la elección presidencial pasó de 3.3 millones a 30 millones de votos, es decir, del 8% al 53%, particularmente con un candidato que ya había perdido la elección presidencial en dos ocasiones, la primera en 2006 con 14.7 millones de votos, y la segunda en 2012 con 15.8 millones de votos, ¿cómo fue posible duplicar las dos votaciones anteriores?, si bien es un caudillo, no se convirtió en un fenómeno político per se, el ambiente electoral fue de castigar la corrupción de la “casa blanca” de Peña Nieto, su frivolidad, su pertinaz ignorancia (que nunca leyó un libro en toda su vida), la actuación de “YoSoy132”, un PAN desplazado de la presidencia de la república, pero sin gubernaturas de morena, con unos minúsculos 35 diputados federales entre los de mayoría y los plurinominales, y sólo con una estructura partidista nacional con Yeidckol Polevsky, cuyo verdadero nombre es Citlali Ibáñez Camacho, quien había dicho comprar 32 edificios para los comités estatales de morena, algo que resultó falso, ya que nunca las compró.
Continuando con la reflexión anterior, si bien el entorno social alrededor de la candidatura de AMLO pudo haber crecido a 18 millones de votos, esto sí tomo en cuenta su crecimiento en las dos última selecciones federales, pero con un partido no institucionalizado, sin estructuras gubernamentales fuertes como las gubernaturas, senadores o alcaldes relevantes, resulta muy difícil de creer que ganó sólo por la coyuntura electoral, y por supuesto que recibió ayuda política de Peña Nieto, y económica, como hoy se puede leer en las investigaciones llevadas a cabo en los Estados Unidos por los grupos del crimen organizado, y de allí se entiende la política de besos y abrazos con los grupos criminales, a quienes les creo su propia infraestructura para el trasiego de las drogas, como fue un aeropuerto (por eso los Estados Unidos decidió bloquearlo) dirigido por la milicia, cuyo modelo de negocio es similar al de Venezuela, esto saldrá en los próximos días.
Entonces, a diferencia del PRI, morena no tiene a quien entregarle el poder político en el 2030, porque jamás se imaginaron que la cuarta alternancia la estuviera capitaneando Donald Trump, lo que hoy estamos presenciando con los cuadros de morena (Gertz, Adán, Max, Cuevas, Andy, y los que se sumen) no es una guerra civil molecular en el interior de morena, es producto de su anomia interna y externa, hacia el partido y hacia el gobierno, como la mayoría de ellos viven en al premodernidad, decidieron que era más importante seguir al caudillo que obedecer a las normas y a las instituciones, ya que pensaron emocionalmente que destruyendo las instituciones y los contrapesos de este país podían gobernar 70 años como el PRI, pero se equivocaron en su diagnóstico.
Finalmente, morena tiene un peso geopolítico ineludible frente al gobierno de Donald Trump, más la pérdida de sus aliados económicos internacionales como Venezuela, quien financió a morena desde 2018, los grupos ilegales dentro y fuera del gobierno, cuya ruta de escape fue el huachicol fiscal (hasta octubre de 2025, el costo al erario era de 600 mil millones de pesos), y ante la derrota del Foro de Sao paulo y su derivación el Grupo de Puebla, en el plano internacional se quedó huérfano, porque ni China ni Rusia vendrán en su auxilio, y más este último que ya lleva 4 años que lo está derrotando Ucrania. Y a todo eso, le agregamos la alineación de la presidente con Donald Trump, lo que significa traicionar a AMLO; por cierto, ella está construyendo sus propios partidos políticos rumbo al 2027 y 2030, pero se equivocará porque no se repetirá lo que hizo morena en 2015, ni tendrá el apoyo de Peña Nieto ni de los actores internacionales ni ilegales en el país, lo que abre la posibilidad que directamente Donald Trump designe al próximo presidente de la república en 2030, y la ruta más viable será por la vía independiente.



