Desde el café

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Desde el Café
A mi me puso don Porfirio
Bernardo Gutiérrez Parra
Cuenta la leyenda que después del triunfo de la Revolución y cuando don Porfirio ya había muerto en Paris, un viejo funcionario porfirista seguía despachando en un cargo menor en la Aduana de Veracruz, hasta que de arriba ordenaron su remoción y nombraron a otra persona en su lugar.

El viejo se negó en redondo a dejar su chamba, pero como lo apremiaran se atrincheró en su oficina, se armó con una carabina y gritó: “De aquí no me sacan. A mi me puso don Porfirio y en tanto no tenga en mis manos una orden firmada por él, de aquí no me muevo”.

Marx Arriaga el ex director de Materiales Educativos de la SEP, no ha llegado al extremo de armarse, pero desde el viernes anterior y hasta la hora de hacer este bodrio, seguía atrincherado en su oficina con un grupúsculo de seguidores a los que ha dicho que nada le debe a la presidenta sino al “presidente” Andrés Manuel que lo puso donde está (con ayuda de Beatriz Gutiérrez Müller). Y no se irá si el tabasqueño no se lo pide.

Y en efecto, no fue la presidenta quien le dio el nombramiento, pero sí quien ordenó su remoción. Solo que al titular de la SEP Mario Delgado, o le faltaron pantalones o le faltó inteligencia, porque mandó a un par de policías auxiliares a darle la noticia y de ahí se agarró el trasnochado comunista para hacer su numerito. “Me quieren correr por el crimen de hacer libros de texto”.

A pesar de las flores que le echó ayer por la mañana, a Claudia nunca le cayó bien ni Marx Arriaga ni sus libros de adoctrinamiento para menores. Pero lo aguantó porque era una orden de Palenque, hasta que el mismo Marx le dio motivos para que lo corrieran.

Hace unos días y en reunión con estudiantes de la Escuela Normal de Balancán, en Tabasco, dijo que la nueva administración (de Sheinbaum) traicionó los sueños de López Obrador. “¿Qué está haciendo el gobierno federal? Pues traicionar”, aseguró.

Pero fue más allá al llamar a los estudiantes a formar Comités de defensa del obradorismo y de la Nueva Escuela Mexicana, además de pedir la destitución de su jefe Mario Delgado al que acusó de neoliberal.

Y con eso tuvo.

Enterado de la “insubordinación” en la Aduana, el comandante militar encargado del puerto de Veracruz se apersonó en la oficina del viejo porfirista y gritó: “O se larga en un minuto por las buenas, o le meto de plomazos por las malas”.

El viejo dejó su carabina, tomó su sombrero de bombín y su bastón antes de decir: “Como me lo pide por las buenas, con mucho gusto me voy, mi general”.

Ante la necedad de Marx, lo que debió hacer Mario era ordenar a la fuerza pública que lo sacaran de su oficina y listo. Pero armaron todo un circo. “Lo apreciamos mucho pero se tiene que ir, le ofrecimos un consulado o una embajada y no acepta…”.

¿Un consulado o una embajada a un sujeto que hizo unos libros de texto carentes de una buena estructura pedagógica, con errores garrafales de sintaxis y ortografía, con contenidos dispares y donde las matemáticas y la lectura fueron relegadas a su mínima expresión? ¿Unos libros que no son para enseñar, sino para adoctrinar? Futa…

Pero de que se va se va. Si no se largó anoche, se irá hoy o a más tardar mañana.

Su lugar lo ocupará Nadia López García, una joven de 33 años con una hoja curricular envidiable. Nadia es entre otras muchas cosas licenciada en Pedagogía por la UNAM con especialización en política educativa, materiales educativos, comunicación educativa y educación intercultural. Además es poetiza y escritora.

Es la antítesis de Marx que a lado de ella es casi un analfabeta.

Con el despido de este sujeto, ya son dos obradoristas de los que se ha desembarazado la señora presidenta. El otro es Adán Augusto López, el “hermano” de López Obrador.

Ya nomás le faltarían Jesús Ramírez Cuevas, Epigmenio Ibarra, Paco Ignacio Taibo II, Martí Batres y Rafael Bajaras “El Fisgón”, los gruesos de Morena y del obradorato, que siguen yéndose por la libre obedeciendo solo al señor de Palenque.

bernagup28@gmail.com