La muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, marca un punto de inflexión en la historia de la República Islámica. El clérigo, de 86 años, falleció en el primer día de una ola de ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, según anunció el presidente estadounidense Donald Trump.
La televisión estatal iraní confirmó posteriormente la noticia y el gobierno decretó 40 días de luto nacional.
Como jefe de Estado y comandante en jefe, Jamenei concentraba amplios poderes políticos, militares y religiosos. Bajo su liderazgo, el país fortaleció la influencia del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI) y consolidó un sistema teocrático en el que la máxima autoridad recae en el líder supremo, por encima del presidente.
Proceso constitucional de sucesión
Conforme a la Constitución iraní, la designación del nuevo líder supremo corresponde a la Asamblea de Expertos, órgano integrado por 88 clérigos. Mientras se concreta la elección, el presidente, el jefe del poder judicial y un clérigo del Consejo de Guardianes asumirán funciones interinas.
El antecedente más cercano ocurrió en 1989, tras la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini, cuando la Asamblea eligió a Jamenei como su sucesor.
Nombres que suenan para la sucesión
Entre los posibles aspirantes figura Mojtaba Jamenei, hijo del líder fallecido, aunque una eventual sucesión hereditaria podría generar resistencias dentro del clero chiita.
También se menciona a Hassan Jomeini, nieto del fundador de la República Islámica, así como al actual secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, identificado con la línea dura del régimen.
El proceso de sucesión se desarrolla en medio de intensos bombardeos y advertencias de represalia por parte del CGRI. La incertidumbre sobre la estabilidad interna y el futuro político de Irán mantiene en alerta a la región y a la comunidad internacional, en uno de los momentos más delicados para el país desde 1979.



