APUNTES
Manuel Rosete Chávez
“Treinta mil personas creyeron
en mi y no las puedo defraudar”
Román Moreno MC
Club Britania, la revolución que nunca llegó
Crónica de un presidente que vio una insurrección donde solo había socios en pants.
Por alguna razón que sólo la imaginación política puede explicar, el Club Britania de Xalapa un día amaneció rodeado de policías.
No se trataba de un operativo contra el crimen organizado, ni de la captura de algún peligroso fugitivo internacional. No.
La amenaza era mucho más temible: socios del club.
Sí, esos mismos que llegan con raqueta de tenis, toalla al hombro, niños en traje de baño y abuelitos caminando rumbo a la alberca.
Pero en la mente del presidente del Consejo, Gerardo Garza Dávila, Contralor Interno del OPLE Veracruz, la escena parece ser distinta. Quizá inspirada en los manuales de supervivencia política de Nicolás Maduro, en las prácticas de control social del cubano Miguel Díaz-Canel, o incluso en los rituales de seguridad de los ayatolas iraníes.
Porque sólo así se explica que, ante la presencia de amas de casa, jóvenes deportistas y personas de la tercera edad, se haya decidido montar algo parecido a un pequeño dispositivo de seguridad.
Los socios que llegan al club ahora son observados con detenimiento, como si en lugar de portar raquetas o trajes de baño pudieran ocultar antorchas, guillotinas o manuales de insurrección civil.
La escena es surrealista: un club deportivo tratado como si fuera la antesala de una revolución.
Pero la realidad es mucho menos épica.
El verdadero temor del presidente del Consejo no parece ser una hipotética turba enardecida.
El miedo real —según comentan muchos socios— tiene otro origen: los expedientes legales que comienzan a acumularse.
En el fondo, lo que inquieta no es la multitud imaginaria, sino algo mucho más peligroso para cualquier administrador: los documentos.
Porque mientras algunos socios entran al club con paletas y mochilas deportivas, otros están entrando a tribunales con algo mucho más incómodo: demandas, evidencias y documentos legales.
El conflicto que hoy sacude al club tiene un origen mucho más terrenal que una revolución: las cuotas.
El aumento decidido por el consejo llegó hasta un 30% para 2026.
Sin embargo, para muchos socios el problema no es únicamente el incremento, sino la falta de explicaciones claras sobre las finanzas del club, en medio de versiones de deudas y tensiones internas que desde hace meses circulan entre los miembros.
Y cuando las cuentas no cuadran, los socios —extraña costumbre en cualquier organización privada— empiezan a hacer preguntas.
Preguntas incómodas.
Preguntas que, aparentemente, pueden ser tan peligrosas que ameritan presencia policial.
Pero el problema de gobernar con miedo es que el miedo tiene efectos secundarios.
Uno de ellos es que convierte un conflicto administrativo en un espectáculo político.
Porque lo que antes era una discusión sobre cuotas y finanzas, ahora parece una escena sacada de una república tropical en crisis: policías vigilando a deportistas, socios mirándose entre sí con desconcierto y un presidente del consejo aparentemente convencido de que una revolución puede estallar en cualquier momento… entre la cancha de tenis y la alberca.
La historia demuestra algo simple: cuando una administración empieza a temer a sus propios socios, casi nunca se trata de un problema de seguridad.
Generalmente es un problema de confianza.
Y la confianza, a diferencia de los policías, no se contrata. Se gana.
El tirano del Club Britania
En Xalapa ha ocurrido un hecho histórico que merece registrarse en los anales de la ciencia política.
El Club Britania, un espacio para el deporte, fue literalmente tomado por policías.
No se alarmen los xalapeños: la ciudad no enfrenta una invasión extranjera ni se ha descubierto una célula terrorista internacional escondida entre las canchas de tenis.
El peligro es mayor.
Los socios.
El presidente del Consejo del Club Britania, don Gerardo Garza Dávila, ha decidido tomar precauciones dignas de un jefe de Estado sitiado. Inspirado quizá en las precauciones del venezolano Nicolás Maduro, en la vigilancia revolucionaria del cubano Díaz-Canel o en la prudente paranoia de los ayatolas de Irán, el distinguido presidente ha dispuesto un pequeño cerco policial en las inmediaciones del club.
El visitante desprevenido pensaría que dentro se prepara una insurrección.
La realidad, sin embargo, es mucho más inquietante.
Lo que se observa son niños con flotadores rumbo a la alberca, señoras cargando bolsas de gimnasio, jóvenes deportistas con raquetas y varios respetables socios de la tercera edad caminando con la serenidad que da la jubilación.
Pero la prudencia nunca sobra.
Porque cualquiera sabe que una abuelita con pants puede convertirse, de un momento a otro, en la Robespierre del tenis.
Los socios pasan ahora bajo miradas escrutadoras. Tal vez las autoridades buscan detectar signos de rebelión: una mirada demasiado crítica, una pregunta incómoda, o —Dios nos libre— un socio con ganas de revisar los estados financieros.
La historia enseña que los gobernantes temen más a los documentos que a los fusiles.
Y aquí parece ocurrir algo parecido.
Porque el miedo real del presidente no parece ser una turba imaginaria, sino algo mucho más temible: los expedientes judiciales.
Mientras unos socios entran al club con toallas y sandalias, otros entran a los tribunales con carpetas, pruebas y argumentos legales.
Todo comenzó —según cuentan los inconformes— con un aumento considerable en las cuotas, decidido por el Consejo con la naturalidad con que los reyes medievales aumentaban los impuestos para tapar los huecos del tesoro.
Y como suele ocurrir en las instituciones donde todavía sobrevive una vieja costumbre llamada rendición de cuentas, algunos socios se atrevieron a hacer preguntas.
Preguntas sobre dinero.
Preguntas sobre decisiones.
Preguntas sobre reglamentos.
En política existe una vieja regla: cuando el poder empieza a rodearse de policías, casi nunca es porque teme a la violencia.
Es porque teme a la verdad.
Lo curioso es que el Club Britania siempre fue un lugar destinado al deporte, la convivencia y la amistad.
Ahora, gracias a esta inesperada estrategia de seguridad, ha adquirido también un valor pedagógico.
Los socios están aprendiendo una lección muy antigua: Que cuando una administración empieza a comportarse como un gobierno autoritario…
no tarda en aparecer una oposición.
Y en el Britania, por lo visto, esa oposición está formada por algo verdaderamente peligroso.
Socios que quieren cuentas claras.
ACLARACIÓN: Los seguidores de Gerardo Garza, Contralor Interno del Órgano Público Local Electora (OPLE), aseguran que no se trata de intimidar a nadie. Que es un ensayo programado para someter a los partidos, no de Tenis, sino políticos, que se inconformen con el plan B de la Reforma Electoral.
REFLEXIÓN
Luego de las mantas que fueron mostradas en distintos puntos de la ciudad, la mañana de este lunes en la localidad de El Castillo, en Xalapa, tres personas aparecieron sin vida tras un ataque armado. Hasta el momento no se tienen reportes oficiales de esta ejecución. Escríbanos a mrossete@yahoo.com.mx | formatosiete@gmail.com



