La desigualdad estructural es un obstáculo central para la universalización en salud y, en lugar de enfrentarla con un sistema de salud igualador y solidario, las reformas recientes del siglo XXI han ahondado estas brechas que, junto a un financiamiento históricamente insuficiente, han llevado al rezago de México respecto al promedio de la región de América Latina tanto en inversión como en resultados sanitarios, advierte el ensayo titulado “México frente a la universalidad en salud: desigualdad, segmentación y reformas contradictorias”.
El reporte elaborado por el especialista del Centro de Investigación en Sistemas de Salud del Instituto Nacional de Salud Pública, Sergio Meneses Navarro, señala que México es el país de América Latina que menos gasto público por persona destina a la salud, por lo que el gasto de bolsillo en nuestro país es de los más altos.
El análisis subraya que la cobertura en salud, incluidos los servicios esenciales como la atención materna, muestra disparidades similares entre estados y regiones urbanas o rurales, además de que la movilidad social está estancada, pues siete de cada 10 personas nacidas en pobreza permanecen pobres en la edad adulta.
El experto apunta que sólo 51.9 por ciento del gasto total en salud proviene del sector público, mientras 39.1 por ciento corresponde a gastos de bolsillo, lo cual muestra “la forma más inequitativa e ineficiente de financiamiento al limitar el acceso efectivo a los servicios y empobrecer a las familias”.
Asimismo, considera que hay un bajo esfuerzo público, pues la esperanza de vida en México es de 75 años, menor que la de Costa Rica, Chile, Uruguay y Perú. Mientras la mortalidad materna, que es de 42 por cada 100 mil nacidos vivos y la tasa de mortalidad infantil, que son 12 por cada mil nacidos vivos, supera las de países con mayor inversión pública.
(Con información del diario LA JORNADA)



