- «Ante la ola de violencia e inseguridad sólo el amor divino puede sacar a los ciudadanos del miedo», indica el portavoz eclesial, el padre Juan Beristain de los Santos.
“Ante la ola de violencia e inseguridad en México sólo el amor divino puede sacar a todos los ciudadanos del miedo y de la comodidad para construir la paz y la justicia social ante tanta desigualdad e indiferencia en la sociedad mexicana y veracruzana”, así lo considera el padre Juan Beristain de los Santos, Vocero de la Arquidiócesis de Xalapa.
En su reflexión dominical, el párroco de San Isidro en esta ciudad capital, se refiere a “un nuevo brote de vida y justicia en la fe auténtica”, indicando que “con el acontecimiento de la vuelta a la vida de Lázaro por intervención de Jesucristo (Jn 11, 1-54), el evangelista San Juan pretende conseguir en los creyentes un cambio total de mentalidad y de actitud de cara al momento natural de la muerte”.
El presbítero católico comenta que “la muerte biológica es real y cada uno tendrá que pasar por ella, sin embargo, no debe ser motivo de temor, ni de angustia, ni de desesperanza. La muerte natural ha sido vencida por Jesucristo y solamente es una puerta hacia la trascendencia gloriosa. Para vencer la muerte biológica no hay que aguardar hasta el último día de la existencia corporal, pues la realidad de la muerte se resuelve y se supera al encontrarse en la fe con Jesucristo, el Señor”.
Así, añade: “Jesús no sólo ha vencido la muerte biológica, sino también tiene fuerza necesaria para que cada creyente y ciudadano transformen las estructuras sociales de muerte e injusticia en estructuras nuevas para la instauración y búsqueda del bien común y la práctica de la solidaridad con los más de 40 millones de mexicanos, que son consecuencia de políticas públicas caducas y egoístas”.
“El texto evangélico de la vuelta a la vida de Lázaro no enseña que el hombre no deba morir biológicamente, sino que la muerte del ser humano tiene un sentido profundo y apunta hacia el amor divino, que da vida a cualquier estructura de muerte. El amor divino revela que el nuevo sentido cristiano de la muerte libera al ser humano y a todo ciudadano del miedo a la muerte que le impide amar y hacer el bien a los demás”, concluye.




