El reconocido fotógrafo británico Martin Parr, figura esencial del fotodocumentalismo contemporáneo y expresidente de la agencia Magnum, falleció este sábado en su casa de Bristol a los 73 años, tras haber sido diagnosticado con cáncer en mayo de 2021. La noticia fue confirmada por su familia a través de un mensaje en su cuenta oficial de Instagram.
Parr, originario de Surrey, solía bromear diciendo que crecer en aquel condado lo impulsó a buscar lugares más interesantes. Sin embargo, su obra terminó convirtiéndose en uno de los retratos más lúcidos, irónicos y críticos de la sociedad británica de las últimas décadas. “Somos un puñado de excéntricos”, dijo alguna vez sobre la idiosincrasia inglesa, una característica que inmortalizó en miles de imágenes.
Considerado uno de los fotógrafos documentales más influyentes del último medio siglo, Parr revolucionó la disciplina con su mirada directa, saturada y profundamente observadora. Su libro The Last Resort: Photographs of New Brighton (1986) rompió con la tradición romántica del blanco y negro, mostrando sin filtros la vida de la clase media-baja británica en los balnearios costeros. Entre escenas de bañistas enrojecidos por el sol, niños devorando fish & chips y paseos saturados de basura, Parr expuso las contradicciones y el desgaste social de una Inglaterra que se alejaba de su propia nostalgia.
Aunque criticado por algunos que veían en su lente una visión condescendiente, el tiempo confirmó su relevancia. Obras posteriores como The Cost of Living consolidaron su prestigio al retratar el ascenso del consumismo y la vida acomodada durante la era de Margaret Thatcher. Su estilo, que para algunos colegas era populista, dividió opiniones incluso dentro de Magnum: su ingreso a la agencia se aprobó por un solo voto. Años después, entre 2014 y 2017, terminaría presidiéndola.
Parr también dedicó años a documentar Benidorm, ciudad española que lo fascinaba por la iconografía kitsch que los turistas británicos habían construido ahí: pieles enrojecidas, inflables, alcohol y colores estridentes. Su afición por lo excéntrico se extendía más allá de la cámara, como demuestra su colección de objetos relacionados con las perritas astronautas soviéticas o relojes de Sadam Hussein. “La fotografía también es una forma de coleccionismo”, afirmaba.
Aunque crítico del Brexit, Parr nunca dejó de fotografiar lo que consideraba la esencia inglesa, mezclando ironía, nostalgia y crudeza. Sus imágenes, que en su momento fueron un golpe de realidad, hoy son también un archivo emocional para quienes buscan una Inglaterra que, para muchos, ya no existe.
Con información de El País.


