Secretaria de Salud; La culpa no siempre está donde parece.
Por Edgar Sandoval Pérez
@EdgarSandovalP
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En el gobierno, muchas crisis no son políticas ni presupuestales, sino administrativas.
El reciente episodio de retrasos y tensiones en el pago a trabajadores del sector salud en Veracruz volvió a activar un reflejo común en la opinión pública: buscar culpables inmediatos en la cabeza visible del sistema. Sin embargo, como suele ocurrir en la administración pública, el problema no estaba donde muchos señalaron.
En este caso, el conflicto no se originó en la conducción médica ni en la toma de decisiones sanitarias, sino en un eslabón menos visible, pero decisivo: la operación administrativa.
Conviene decirlo con claridad: el secretario de Salud no fue el responsable directo del retraso en los pagos. La causa se concentró en fallas dentro de la unidad administrativa de la propia Secretaría de Salud, encargada de validar procesos, integrar expedientes y liberar trámites clave. Cuando ese engranaje se traba, ni la voluntad política ni la urgencia social bastan.
La solución llegó cuando el tema se asumió desde donde realmente correspondía: la Secretaría de Finanzas. Fue Miguel Reyes, titular de la dependencia, quien destrabó el proceso, coordinó la regularización de los pagos y cerró el conflicto financiero.
No es un dato menor. En contextos de presión social, resolver sin estridencia y con eficacia también es una forma de liderazgo. La intervención de Finanzas confirmó dos cosas:
- Sí había recursos y margen operativo,
- El problema era de gestión interna, no de abandono institucional.
Este episodio deja varias enseñanzas para el Gobierno de Veracruz:
- No toda crisis es política, aunque termine siéndolo si se comunica mal.
- Las unidades administrativas son tan estratégicas como las áreas sustantivas.
- Señalar responsables sin diagnóstico solo desgasta instituciones y personas.
- La coordinación entre secretarías sigue siendo el talón de Aquiles del sector público.
Los trabajadores de la salud tenían razón en exigir certidumbre. El pago puntual no es un favor, es una obligación del Estado. Pero también es justo decirlo: no todos los errores tienen el mismo origen ni todos los funcionarios la misma responsabilidad.
En esta ocasión, la solución vino de Finanzas, el error fue administrativo, y el costo político pudo evitarse con mayor claridad desde el inicio. Ojalá la próxima vez, la nómina no tenga que convertirse en crisis para ser atendida.



