Davos, Suiza.— Durante su participación en el Foro Económico Mundial, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó la denominada Junta de Paz, un organismo con el que busca liderar y supervisar el alto el fuego en la guerra entre Israel y Hamás, así como delinear el futuro de la Franja de Gaza.
El anuncio, realizado ante líderes políticos y empresariales, estuvo marcado por la ausencia de varios aliados tradicionales de Washington y por las dudas en torno al alcance y la legitimidad de la iniciativa. Pese a ello, Trump defendió el proyecto como una plataforma de carácter global y no como un instrumento exclusivo de Estados Unidos.
“Esto no es para Estados Unidos, es para el mundo. Creo que podemos extenderlo a otras cosas a medida que tengamos éxito en Gaza”, afirmó el mandatario, al sugerir que, de consolidarse el alto el fuego, la junta podría ampliar su labor a otros conflictos internacionales. Incluso llegó a insinuar que el nuevo organismo podría rivalizar con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aunque horas después matizó sus declaraciones y aseguró que trabajaría “en conjunto con la ONU”.
Una iniciativa ambiciosa y controvertida
La Junta de Paz tiene su origen en el plan de alto el fuego de 20 puntos propuesto por Trump para Gaza, el cual llegó a recibir respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU. En poco tiempo, ese esquema derivó en un proyecto de mayor envergadura. El presidente estadounidense aseguró que 59 países ya se han sumado y calificó a los asistentes como “las personas más poderosas del mundo”, minimizando las ausencias.
Entre los participantes destacaron el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio; el enviado especial Steve Witkoff; y Jared Kushner, yerno de Trump y figura clave en negociaciones internacionales. También acudieron líderes y altos diplomáticos como el ministro de Exteriores de Arabia Saudita, Faisal bin Farhan; el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev; el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan; y los presidentes de Paraguay, Kazajistán, Argentina e Indonesia, varios de ellos cercanos políticamente al mandatario estadounidense.
Sin embargo, la falta de respaldo de países como Francia, Reino Unido, Noruega, Suecia y Eslovenia evidenció el escepticismo que rodea a la propuesta. París expresó su preocupación ante la posibilidad de que la junta intente sustituir a la ONU como principal foro para la resolución de conflictos, mientras que Londres cuestionó la invitación a líderes autoritarios, entre ellos el presidente ruso, Vladímir Putin.
Desde Moscú, el Kremlin informó que Rusia aún consulta con sus “socios estratégicos” antes de decidir su adhesión. Asimismo, adelantó que Putin discutirá con el presidente palestino, Mahmud Abás, una posible contribución rusa de mil millones de dólares con fines humanitarios para la junta, aunque aclaró que su uso dependería de que Estados Unidos desbloquee esos recursos.
Otros actores relevantes, como Canadá, China, Ucrania y la Unión Europea, no han definido todavía su postura frente a la iniciativa, que se perfila como uno de los planteamientos diplomáticos más ambiciosos —y polémicos— impulsados por Trump en el escenario internacional.
Con información de AP.



