El exconsejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, publicará el próximo 11 de febrero el libro “Ni venganza ni perdón”, una obra que promete abrir un debate profundo sobre el ejercicio del poder en México, la fragilidad de las lealtades políticas y el costo de la cercanía con el Presidente de la República.
Escrito junto con el periodista Jorge Fernández Menéndez, el libro reconstruye desde dentro la relación personal y política entre Scherer Ibarra y Andrés Manuel López Obrador, una cercanía forjada durante años de oposición y consolidada en los primeros años del sexenio, cuando el autor se convirtió en una de las figuras clave del proyecto gubernamental.
Desde su prólogo, el libro fija el tono: no es un ajuste de cuentas ni un ejercicio de autoexculpación, sino un testimonio sobre cómo el poder transforma vínculos, impone silencios y convierte la proximidad en estigma. “La cercanía es un privilegio, pero también es una condena”, escribe Scherer Ibarra al reflexionar sobre las amistades con los hombres públicos y el precio que suelen exigir.
En su libro “Ni venganza ni perdón” narra el tránsito de una relación basada en la confianza y la fraternidad hacia un distanciamiento marcado por la intriga y la persecución. El autor sostiene que el quiebre no fue accidental, sino consecuencia de una lógica de poder que no admite independencia ni tolera cercanía sin sometimiento. En ese contexto, cobra un lugar central la advertencia que López Obrador le habría hecho antes de su salida del gobierno: “Cuando salgas del gobierno, irán contra ti”, una previsión que —según el libro— se cumplió con precisión.
El volumen documenta cómo, tras su renuncia, se activaron ataques desde distintos frentes del propio aparato estatal, desatando una persecución jurídica y mediática que, aunque no prosperó en los tribunales, dejó una huella en el espacio público. La Fiscalía General de la República, encabezada por Alejandro Gertz Manero, aparece retratada como un instrumento de presión política más que como un órgano autónomo de justicia, dedicada a fabricar delitos para satisfacer intereses personales.
A ese frente se sumó —según el relato— una ofensiva mediática sostenida en filtraciones de la propia fiscalía y amplificada por la ambición de voceros y operadores dispuestos a erosionar reputaciones y a extender el castigo al entorno familiar del autor. “Los ataques llegaron disfrazados de justicia”, se lee en el texto, que insiste en que ninguna de las acusaciones prosperó, pero que el daño simbólico ya había sido causado.
El libro también aborda el papel de los radicales internos del movimiento, incapaces —según el autor— de tolerar la cercanía genuina entre Scherer Ibarra y el Presidente, y que habrían visto en su salida una oportunidad para promover su caída. En ese proceso, la lealtad se transforma en sospecha y la autonomía en motivo de castigo.
Más allá del impacto inmediato que provocará su publicación, Ni venganza ni perdón se perfila como uno de los documentos políticos más relevantes para entender el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. No se trata solo del relato de un exfuncionario, sino de la mirada de quien fue pieza clave en la construcción legal y política del proyecto de gobierno.
El valor del libro radica en su posición de enunciación: Scherer Ibarra no fue un observador externo ni un crítico posterior, sino un actor central que participó en decisiones estratégicas, negociaciones delicadas y conflictos internos que marcaron el rumbo del gobierno.
Entre los capítulos del libro también destacan episodios sensibles del sexenio como la creación de la Guardia Nacional, la relación con la Suprema Corte y el entonces ministro presidente Arturo Zaldívar, el manejo político de la pandemia, el atentado contra Omar García Harfuch, el caso del general Salvador Cienfuegos.
Un capítulo particularmente significativo está dedicado a la revista PROCESO y a los periodistas, así como al vínculo histórico entre López Obrador y Julio Scherer García, fundador de esta casa editorial, lo que añade una capa simbólica y política a la narración del poder y sus lealtades
Publicado por Editorial Planeta, el libro “Ni venganza ni perdón” se presenta como un ejercicio de memoria frente a la polarización. No busca absolver ni condenar, sino dejar constancia de una experiencia que, en palabras del autor, funciona como advertencia: la radiografía de un sistema político que castiga la independencia y premia la sumisión.
En un país donde la narrativa oficial suele ser impuesta como dogma, Scherer Ibarra apuesta por la palabra como resistencia. “Contar es resistir”, plantea el texto con una idea que atraviesa todo el libro: mientras la historia arda, habrá memoria.
EXHIBE AMBICIÓN POLÍTICA DEL EX VOCERO DE AMLO
En uno de los capítulos exhibe al exvocero presidencial Jesús Ramírez Cuevas, por utilizar un decreto presidencial sobre extrabajadores de la extinta compañía paraestatal Luz y Fuerza del Centro como instrumento de operación política y construcción de redes clientelares.
Según el libro “Ni venganza ni perdón” de Scherer Ibarra, el programa de “compensación vitalicia” —presentado como acto de justicia social— careció de sustento jurídico y financiero, generó un pasivo de casi 27 mil millones de pesos, fracturó al Sindicato Mexicano de Electricistas y colocó recursos públicos al servicio de intereses políticos del propio Ramírez Cuevas, incluida la precandidatura de Clara Brugada a la jefatura del gobierno de la Ciudad de México.
El 25 de agosto de 2022, el Gobierno del presidente López Obrador publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) un decreto que estableció una “compensación vitalicia por justicia social” para extrabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro (LyFC). Esa disposición, controvertida y discutida incluso dentro del gabinete presidencial, marcó un punto de quiebre no solo en el manejo presupuestal del Estado, sino en la interpretación de la justicia laboral.
Lo que fue presentado como un acto de reparación para quienes quedaron en el limbo laboral tras la extinción del organismo en 2009, derivó en una operación política dirigida por Jesús Ramírez Cuevas, entonces vocero presidencial, cuya influencia fue clave para convencer al presidente López Obrador de implementar el programa, pese a que la mayoría de los beneficiarios ya habían sido liquidados conforme a la ley.
En su libro, Scherer Ibarra relata que Jesús Ramírez, en quien el presidente depositó una confianza plena al encomendarle esta causa, terminó abusando de ese encargo para obtener una ventaja política personal. Expone que en lugar de actuar con responsabilidad institucional, utilizó el tema para posicionar a sus aliados, intervenir en la vida sindical del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y operar políticamente en favor de Clara Brugada, candidata de Morena a la Jefatura de Gobierno, a pesar de que la preferencia evidente de la candidata Sheinbaum se inclinaba por Omar García Harfuch. “Esta traición política interna generó fricciones dentro del movimiento y mostró cómo una encomienda presidencial se transformó en una herramienta para jugar en contra de los intereses de la propia presidencia”, afirma.



