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El apoyo a la industria cinematográfica
Luis Alberto Romero

Durante décadas, el cine mexicano sobrevivió entre vaivenes presupuestales y esfuerzos aislados. Por eso el anuncio del Gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, de un plan integral de apoyo a la industria cinematográfica representa una definición política sobre el lugar que ocupa esta expresión cultural para el gobierno federal.

El nuevo incentivo permitirá acreditar hasta el 30 por ciento del Impuesto sobre la Renta a proyectos realizados en territorio nacional, con un tope de 40 millones de pesos y una exigencia mínima de 70 por ciento de proveeduría nacional.

La medida anunciada es una apuesta por el talento mexicano en todos los niveles de producción: actores, técnicos, animadores, especialistas en efectos visuales y oficios que sostienen la cadena creativa.

La intención es que las producciones internacionales no solo utilicen paisajes, sino que dejen capacidades, empleo e infraestructura.

A ello se suma el fortalecimiento institucional: incremento al EFICINE, mayor presupuesto para IMCINE, ampliación del Centro de Capacitación Cinematográfica y la iniciativa de una nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual.

El apoyo al cine nacional fue el tema que marcó la agenda del gobierno federal el pasado domingo; y en ese tema llamó la atención el reconocimiento público que hizo la actriz Salma Hayek a la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle.
Más allá de la cortesía institucional, la actriz originaria de Coatzacoalcos, quien suele mantenerse al margen de declaraciones políticas, subrayó el acompañamiento efectivo del gobierno veracruzano en una producción que implicó problemas logísticos mayores, incluso la construcción de infraestructura para acceder a locaciones complejas.
Según relató Salma Hayek, la filmación ya genera turismo y derrama económica en comunidades ejidales, antes incluso de concluir el rodaje; es decir, el cine como detonador inmediato de economía local, orgullo comunitario y proyección internacional. La experiencia, afirmó, se ha desarrollado en condiciones de seguridad, respeto y colaboración, elementos indispensables para atraer inversiones culturales de alto impacto.
Cuando una política federal encuentra gobiernos estatales dispuestos a facilitar, coordinar y acompañar, el impacto se multiplica.
La productora Inna Payán habló de un efecto que puede generar entre tres y nueve unidades de actividad económica agregada por cada peso invertido. Veracruz parece estar viviendo ese fenómeno en tiempo real.
El cine no es solo entretenimiento; es también identidad, diplomacia cultural y desarrollo regional. Si el nuevo esquema fiscal logra consolidarse y si los estados comprenden, como en el caso veracruzano, que abrir locaciones es también abrir oportunidades, México puede convertir su diversidad ecológica y cultural en una ventaja estratégica.
Después de años de abandono y de décadas de una profunda crisis en la industria cinematográfica nacional, el apoyo anunciado por la presidenta podría cambiar la percepción de que los proyectos de cine prosperan no gracias, sino a pesar del gobierno.
En cuanto a Veracruz, la disposición de la administración de Rocío Nahle podrían significar el inicio de una etapa en la que la entidad aproveche todo su potencial para atraer inversiones del sector.
@luisromero85