La política del rumor

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RESULTA Y RESALTA

Alejandra Herrera

RESULTA que, durante los últimos días, ha quedado claro que para algunos actores de la oposición resulta más rentable sembrar noticias falsas, como parte de una ofensiva contra la gobernadora Rocío Nahle, las cuales han ido escalando en intensidad.

Y no precisamente por el peso de los argumentos, más bien la apuesta se enfoca en la repetición de versiones, rumores y contenidos cuya velocidad de difusión supera, por mucho, el interés de verificar si corresponden o no a la realidad.

En la era de las redes sociales, una mentira mal distribuida suele recorrer el estado antes de que la verdad alcance a salir.

El episodio del supuesto viaje de la mandataria al partido entre México y Ecuador es una muestra de ello. Bastaron unas imágenes y una narrativa tendenciosa para que numerosos espacios digitales replicaran la historia sin la mínima comprobación. Después vino el desmentido de la propia gobernadora, quien aseguró que nunca estuvo en ese evento

Ese es precisamente el combustible que está buscando la oposición para desacreditar el actual gobierno, pues la desinformación es a lo único que han podido recurrir para que se puedan, por lo menos de esa forma, visibilizarse.

Pero mientras esa discusión ocupaba las redes sociales, la agenda oficial seguía otro rumbo. Inauguración de carreteras, entrega de apoyos a escuelas, atención a campesinos, respaldo a pescadores y recorridos por distintas regiones del estado, que sepultaron como una avalancha a las publicaciones que terminaron siendo falsas.

RESALTA que, cuando la oposición recurre a este tipo de estrategias, cada vez tiene menos credibilidad, pues todos saben que lo único que buscan es cuidar sus propios intereses políticos.

La crítica al poder siempre será necesaria, incluso indispensable, pero existe una diferencia enorme entre fiscalizar y fabricar, entre investigar y especular, entre denunciar y difamar, cuando eso pasa la oposición pierde toda fuerza moral y termina sustituyendo el debate por la propaganda.

No es casual que buena parte de los ataques se concentren más en la persona que en las decisiones de gobierno, lo que demuestra que existe un componente de misoginia en algunas de esas descalificaciones.

Más allá de la etiqueta, basta revisar el tono de ciertos mensajes para advertir que, en muchos casos, la discusión abandona el terreno de las políticas públicas para instalarse en el descrédito personal.

Algo similar sucede con el caso de la periodista Roxana Guzmán. Se trata de una investigación abierta que exige seriedad, responsabilidad y absoluto respeto por el debido proceso, sin embargo, antes de que las autoridades concluyan las indagatorias, ya abundan quienes pretenden utilizar el caso como munición política.

Al final, los gobiernos se evalúan por sus resultados, lo demás es apenas espuma mediática: hace mucho ruido, ocupa mucho espacio, pero se desvanece fácilmente.