Gabriel García-Márquez
EL SENTIDO ACTUAL DE LA EXPROPIACIÓN PETROLERA
Cada aniversario de la Expropiación Petrolera nos obliga a mirar hacia atrás, pero también a preguntarnos hacia dónde camina la política energética del país. Aquella decisión histórica del 18 de marzo de 1938, decretada por el entonces presidente Lázaro Cárdenas del Río, no fue solamente un acto de soberanía frente a las compañías extranjeras; fue, sobre todo, el punto de partida de una industria nacional que durante décadas sostuvo buena parte del desarrollo económico de México.
La creación y consolidación de Petróleos Mexicanos se convirtió en uno de los proyectos colectivos más ambiciosos del país. Generaciones de trabajadores, ingenieros, técnicos y comunidades enteras crecieron alrededor de la industria petrolera. No fue únicamente una empresa: fue un símbolo de identidad nacional, de orgullo laboral y de la capacidad del Estado mexicano para conducir sectores estratégicos.
UN LEGADO QUE SIGUE VIGENTE
Este año, la conmemoración tiene un significado especial. El Patio Industrial de Pueblo Viejo en el estado de Veracruz, será sede del acto oficial encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum y el director general de Pemex, doctor Víctor Rodríguez Padilla.
Durante la ceremonia se recordará que la expropiación permitió construir una industria estratégica que ha acompañado el desarrollo económico del país. La historia de Pemex está ligada al esfuerzo de generaciones de trabajadores cuyo trabajo cotidiano ha contribuido directamente al bienestar social de México y al crecimiento de regiones enteras vinculadas con la actividad petrolera.
EL GAS NO ASOCIADO TOMA PROTAGONISMO
Durante décadas, el petróleo crudo fue el indicador más visible de la fortaleza energética del país. Sin embargo, los desafíos actuales exigen una visión más amplia. En ese contexto, lejos de los reflectores, el incremento en la producción de gas natural, impulsado especialmente por el gas no asociado, comienza a perfilarse como una de las apuestas estratégicas más relevantes de la empresa.
Este cambio revela que la seguridad energética no depende únicamente del volumen de barriles que se extraen, sino del equilibrio entre los distintos recursos que el país necesita para sostener su crecimiento industrial, su generación eléctrica y su competitividad.
En la actual administración de Pemex, bajo la dirección de Rodríguez Padilla, la prioridad parece no limitarse al barril visible que domina los titulares, sino a construir equilibrios energéticos de mediano plazo que fortalezcan la autonomía energética nacional.
ENTRE LA MEMORIA HISTÓRICA Y EL FUTURO ENERGÉTICO
Más allá de las cifras de producción, el aniversario de la expropiación nos recuerda algo esencial: la industria petrolera mexicana nació como un proyecto social. El trabajo de miles de petroleros no solo ha generado riqueza; también ha contribuido al financiamiento del Estado, al desarrollo de infraestructura y al bienestar de amplias regiones del país.
A casi nueve décadas de aquella decisión histórica tomada por el presidente Cárdenas, México enfrenta un nuevo escenario energético global. La transición energética, los cambios tecnológicos y las presiones ambientales obligan a replantear estrategias.
Sin embargo, el principio que dio origen a la expropiación sigue vigente: los recursos energéticos deben servir al desarrollo del país y al bienestar de su población. El desafío de nuestro tiempo no es repetir el pasado, sino interpretarlo con inteligencia.
Porque si en 1938 la soberanía energética significó recuperar el control del petróleo, en el presente significa administrar con visión nuestros recursos, diversificar nuestras fuentes y garantizar que la energía continúe siendo una palanca de desarrollo para México.
En ese equilibrio entre historia y futuro se encuentra el verdadero sentido del aniversario de la Expropiación Petrolera: una memoria que no pertenece solo al pasado, sino a la responsabilidad de construir el porvenir.



