Resiliencia Democrática

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Ante el colapso del régimen morenista: ¿qué hacer?

Eduardo Sergio de la Torre Jaramillo

El PRI duró 71 años en el poder, y Morena en el séptimo año de gobierno está colapsando. La primera diferencia es que la caída vino de fuera con un presidente norteamericano que está usando el derecho a la “injerencia”, que se inauguró después del atentado a las Torres Gemelas en 2001, y no por el gobierno de Estados Unidos, sino por conducto de la ONU con las resoluciones 1368 y 1373, en donde se estableció que: “el uso de la fuerza legítima defensa puede ser una respuesta al terrorismo”, éste como el nuevo enemigo global.

En el estudio comparado entre los dos partidos políticos, ambos fueron corrompidos hasta la médula, pero hay una enorme diferencia: el primero fue financiado de manera ilegal desde el mismo aparato de gobierno, más los sindicatos y un número importante de empresarios, pero en el caso del segundo, el financiamiento ilegal provino de los nuevos grupos terroristas mexicanos que ya dominan una parte importante de la economía mundial.

Otra diferencia, es que el primero nació para frenar el aniquilamiento entre la clase revolucionaria, allí están los asesinatos de Madero, Suárez, Zapata, Villa, Carranza y Obregón, por lo que no podía conformar un nuevo Estado mexicano, y de allí se creó un partido político que nació desde el propio Estado para que la lucha política se institucionalizara, así se gestó el Partido Nacional Revolucionario; y quienes crearon al otro partido, fue un grupo de políticos desplazados del PRI que habían creado al PRD, el sector que se autodefinieron como los “puros”, quienes se creían moralmente superiores a todos los políticos de los partidos de la transición en el país, pero la búsqueda del poder se produjo con una sed de venganza, con la creencia de que “ahora nos toca a nosotros”, así fue como ganaron en 2018, proponiendo la esperanza de ser otro país, el problema interno fue que; “el político oprimido llegó al poder y se convirtió en versión mejorada del antiguo opresor político”.

Después del triunfo, y ya instalados en el poder se dedicaron a dividir a los mexicanos, a proclamar el odio, a polarizar, y esa esperanza se pudrió en el 2021 con las elecciones de gobernador en Sinaloa, Michoacán, y Guerrero, en donde se evidenció la participación de los grupos ilegales, en el primer estado, ya está bastante documentado en estos días sobre el secuestro de los operadores políticos del PRI; en el segundo, la sala superior del TEPJF reconoció la participación de grupos ilegales amenazando en diversos distritos electorales pero no anuló la elección, y en Guerrero sucedió lo mismo, un INE que sólo fiscaliza y sanciona a los críticos del sistema político, pero a los que les daban abrazos y besos a los gruposilegales nunca fueron sancionados, lo que significa que el árbitro y el tribunal electoral estaban capturados desde aquel año electoral, lo que hoy se observa es que desde el propio Estado mafioso se viola sistemáticamente el Estado de Derecho y se destruya la frágil democracia.

Frente a un escenario en donde la sangría hacia el régimen morenista, será cotidiana en la cual se sumarán más políticos de todos los niveles de gobierno, del poder legislativo y del judicial que están vinculados con los grupos ilegales, se prevé un desmantelamiento rápido para los próximos seis meses de la hegemonía mafiosa del régimen morenista, y esto por la elección de la Asamblea de Representantes en los Estados Unidos, lo que dificulta la reconstrucción del Estado mafioso para el 2027.

Continuando con la línea de interpretación anterior, es pertinente comentar que la vieja clase política que se localiza en todos los partidos políticos tiene un severo problema de comprensión de lo que está pasando en el país, son políticos paradójicamente sin proyecto político, no tienen una visión de futuro, y por ende no saben cómo actuar, porque son electoreros; más allá de las estridencias en sus declaraciones, no por sus actos, sólo se agazapan con la vieja máxima de Fidel Velázquez, “el que se mueve no sale en la foto”, en donde hay muchos que tampoco pueden salir porque pertenecen a ese sistema de complicidades.

López Obrador destruyó al viejo sistema político, pero hoy el factor externo está destruyendo al “destructor”, y porque el gobierno norteamericano observó que “la venganza destruye al que la ejerce antes que al que la recibe”; es así que estamos ante el desierto político mexicano, similar a 1810, 1910 y 2000, en donde la clase política no sabe qué hacer porque no tiene rumbo. Entonces, como siempre le toca a la sociedad reconstruir un nuevo sistema político, en donde la primera tarea sea la reconciliación nacional, dejar atrás el odio, la venganza y la polarización.

Dado lo anterior, la sociedad desde un orden espontáneo tendrá que impulsar un compromiso cívico para revivir a la democracia, en tres áreas fundamentales de reconstrucción: deliberación pública, participación política y decisiones colectivas, en donde una primera ruta de participación viable y decente será a través de las candidaturas independientes.

Las reglas del juego para el 2027 ya están envenenadas por Morena el definir ilegalmente a sus candidatos con una figura que de por sí que ya es un acto adelantado de campaña, como son los “coordinadores estatales, distritales y municipales”; y esto funciona porque observan a una sociedad fragmentada que no alcanza a observar que el Estado mafioso es una forma de capital social, que a través de los programas sociales donde están capturados 35 millones de mexicanos, que se convirtieron en sus “siervos electorales”, lo que obliga a crear normas fuertes de confianza y reciprocidad, y supera con éxito cualquier elección popular, porque su agradecimiento hacia el régimen se torna de forma personalizada.

Paradójicamente, se tienen que explorar la fuerza de los vínculos débiles de la sociedad mexicana, que son la cooperación y los factores de integración fuera de la familia, los amigos y vecinos, lo que significa salir y encontrarse con el otro que es desconocido, crear los puentes entre diferentes redes sociales, y ser enfático en ese intercambio político, por ejemplo, poner un alto a la destrucción institucional del país, teniendo un Congreso donde no tenga mayoría el partido gobernante, con lo cual abre la posibilidad de atacar directamente al mayor problema social en el país que es la seguridad pública, con lo cual se reducirían el grupo de madres y padres buscadores, de igual manera se reducirían los homicidios vinculados a los grupos ilegales, en fin, la pacificación del país pasa por reducir el número de políticos vinculados a los grupos ilegales.

Finalmente, le corresponde a la sociedad dejarse de quejar y empezar a actuar limpiando la vida pública y ponerle fin a la nueva kakistocracia mexicana.