El Banco de México (BdeM) redujo su previsión de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para 2026 a 1.1 por ciento, frente a 1.6 que estimaba en su informe anterior, tras registrar en el primer trimestre del año una contracción más pronunciada de lo esperado, revela el informe enero-marzo.
La revisión, señala el documento, responde al desempeño de la economía en los primeros meses del año, que el banco califica de “considerablemente más débil de lo esperado”. La caída fue resultado de una reversión en la moderada reactivación industrial del último trimestre de 2025 y de una contracción en los servicios y porque las actividades primarias atenuaron en parte la baja. Tanto la creación de empleo como la participación laboral se mantuvieron débiles en ese periodo.
El intervalo de crecimiento para 2026 quedó entre 0.5 y 1.7 por ciento. Rumbo a 2027, sube levemente de 2 a 2.1, con un rango de entre 1.3 y 2.9 por ciento.
Al presentar el informe, la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja reconoció que el ajuste fue resultado de la contracción del primer trimestre y señaló que a partir del segundo la actividad económica retomará una senda de expansión, apuntalada por el consumo privado y la demanda externa.
El reporte advierte que la inversión seguirá débil al menos hasta el segundo semestre, presionada por la incertidumbre en torno a la relación comercial con Estados Unidos y la revisión del T-MEC. En la videoconferencia, Rodríguez Ceja fue directa: “buenas noticias en torno al T-MEC podrían impulsar la inversión hacia la segunda mitad del año”. El banco espera que las exportaciones mantengan una expansión moderada en línea con la producción industrial estadunidense y apoyadas en compras del sector tecnológico.
El balance de riesgos para el crecimiento mantiene un sesgo a la baja, con la incertidumbre comercial de Washington, los temas geopolíticos y la volatilidad financiera como principales factores.
En inflación, el banco ajustó al alza su pronóstico para el segundo trimestre de 2026, de 3.6 a 3.8 por ciento, y para el tercer periodo en la misma proporción por mayores presiones en los precios de energéticos y agropecuarios vinculadas al conflicto en Medio Oriente. La inflación general anual pasó de 3.69 por ciento en el cuarto trimestre de 2025 a 4.13 en el primer periodo de 2026, aunque en la primera quincena de mayo retrocedió a 4.11. El instituto central mantiene la previsión de que la inflación general y la subyacente converjan al objetivo de 3 por ciento para el segundo trimestre de 2027.
Los cambios al impuesto especial sobre producción y servicios en bebidas azucaradas y cigarrillos, vigentes desde enero, contribuyeron al alza temporal de la inflación subyacente –que pasó de 4.35 a 4.49 por ciento en el trimestre–, aunque el banco estima que esos efectos fueron acotados, transitorios y sin repercusiones de segunda ronda. El balance de riesgos para la inflación se mantiene al alza.
Ante ese panorama, la Junta de Gobierno hizo una pausa en febrero y mantuvo la tasa de referencia en 7 por ciento, antes de retomar los recortes en marzo y mayo con bajas de 25 puntos base en cada reunión. La tasa quedó en 6.5 por ciento. Con esa última decisión, señaló la gobernadora, concluye el ciclo de recortes que se inició en marzo de 2024 y la postura actual es la apropiada para enfrentar los retos del entorno, incluidos los de una posible prolongación del conflicto en Medio Oriente.
En cuanto a los recientes ajustes hechos por agencias a las calificaciones crediticias de México que fueron anunciados el martes, la gobernadora del BdeM enfatizó en que “el país mantiene el grado de inversión en todas las agencias calificadoras, lo que continúa siendo un elemento importante de solidez macrofinanciera”.
Con información del diario LA JORNADA



