Manolo Victorio
Ahí viene al agua
Apenas un día después de la entrada en vigencia de la temporada de lluvias y huracanes, vino la desgracia tempranera en el Puerto de Veracruz.
La lluviosa madrugada del martes 2 de junio, la fuerza de la corriente arrastró a los socorristas —vaya paradoja funesta— José Antonio Callejas Villalba de 36 años y a su hijastro Daniel Alberi de 15 años, cuando intentaron cruzar la carretera federal Veracruz-Paso de Ovejas a la altura de Tejería.
Los dos hombres murieron no en el intento de salvar a otro ser humano de la fuerza de la naturaleza, sino tratando de rescatar una motoneta.
Los dos fueron succionados por un tragatormentas abierto.
Una tragedia que aún se respira en la ciudad.
Una desgracia que se trató de subsanar levantando un corral metálico en el tragatormentas que se tragó a dos hombres, en clara vivencia del pozo tapiado después del niño ahogado.
Días mas tarde, don Silverio Flores Rosas de 61 años, salió de su domicilio en plena tormenta eléctrica y cuando pasaba cerca de un árbol, fue impactado por la fuerza de un rayo que le provocó una fuerte descarga eléctrica y una muerte instantánea en el Quinto Barrio del municipio de Rafael Delgado, en la zona de las Altas Montañas.
Tres victimas fatales en la primera semana de una temporada que finalizará el lunes 30 de noviembre.
Hay muchas historias de una tragedia cíclica que se repite cada año en las 14 cuencas hidrológicas el estado de Veracruz.
En Veracruz hay dos calendarios. El oficial, que divide el año en meses y estaciones, y el verdadero, el que marca la lluvia.
El primero de junio comenzó formalmente la temporada de lluvias y ciclones tropicales 2026. Terminará el 30 de noviembre. Son seis meses en los que el estado vuelve a enfrentar su examen más severo: la capacidad institucional para prevenir tragedias, proteger vidas y reconstruir comunidades enteras cuando la naturaleza reclama los territorios que históricamente le pertenecieron.
Los pronósticos emitidos por Protección Civil, el Servicio Meteorológico Nacional y especialistas climáticos anticipan un junio con precipitaciones cercanas o incluso superiores a los promedios históricos, especialmente en las cuencas del norte y centro del estado. Las autoridades meteorológicas activaron desde los primeros días del mes avisos especiales por temporales lluviosos derivados de vaguadas, ondas tropicales y sistemas de baja presión que afectan al Golfo de México. Se previeron acumulados significativos en las cuencas del Tuxpan, Cazones, Tecolutla, Nautla y Papaloapan.
La temporada apenas comienza, pero la memoria colectiva de los veracruzanos ya conoce el guion.
Basta mencionar los nombres de Pánuco, Tuxpan, Poza Rica, Ilamatlán o la Sierra de Zongolica para recordar que cada lluvia intensa representa mucho más que agua cayendo del cielo. Significa caminos interrumpidos, puentes dañados, cultivos perdidos, escuelas cerradas y familias enteras pendientes del nivel de los ríos.
La Huasteca veracruzana vive cada temporada bajo la vigilancia permanente del sistema hidrológico que alimenta al río Pánuco. Allí, el peligro no suele llegar de golpe. Se acumula lentamente. Primero las lluvias en la parte alta de las cuencas. Después los escurrimientos. Finalmente, los desbordamientos.
Las imágenes se repiten año tras año: viviendas anegadas, ganado trasladado a terrenos altos, carreteras convertidas en canales y miles de personas dependiendo de refugios temporales y apoyos emergentes.
La historia ha sido especialmente dura para la región norte. Los registros de fenómenos hidrometeorológicos muestran que municipios de la cuenca del Pánuco han sufrido algunas de las inundaciones más devastadoras del estado. En eventos históricos, miles de familias tuvieron que abandonar sus hogares debido al crecimiento extraordinario de los ríos.
Más al sur, Tuxpan representa otra realidad. El puerto petrolero y comercial mantiene una relación permanente con el río que le da nombre. Cuando las lluvias se combinan con mareas elevadas y escurrimientos provenientes de la sierra poblana e hidalguense, la vulnerabilidad aumenta.
Las autoridades estatales han insistido durante años en programas de desazolve, limpieza de canales pluviales y monitoreo hidrológico. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿es suficiente?
Porque el problema no es únicamente meteorológico.
Es urbano.
Es social.
Es presupuestal.
Y también político.
Las ciudades mexicanas han crecido muchas veces ignorando la geografía. Se construye donde resulta más barato y no necesariamente donde resulta más seguro. Se autorizan desarrollos en zonas de escurrimiento natural. Se rellenan humedales. Se modifican cauces. Después, cuando llega la lluvia, la naturaleza simplemente recupera su espacio.
Poza Rica constituye un ejemplo paradigmático.
La capital petrolera del norte veracruzano ha enfrentado históricamente problemas de inundaciones urbanas derivados de la combinación de lluvias intensas, infraestructura hidráulica insuficiente y crecimiento acelerado de la mancha urbana. Los primeros reportes meteorológicos de junio ya colocan a la región dentro de las zonas bajo vigilancia por posibles acumulados importantes de precipitación y riesgos de encharcamientos e inundaciones locales.
La experiencia demuestra que en Poza Rica bastan unas cuantas horas de lluvia extraordinaria para paralizar vialidades, afectar colonias enteras y poner a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades municipales.
Pero si Poza Rica enfrenta los desafíos de una ciudad mediana, Ilamatlán enfrenta los desafíos de la marginación.
Ubicado en la Huasteca alta, este municipio indígena arrastra rezagos históricos en infraestructura carretera, conectividad y servicios básicos. Cada temporada de lluvias se convierte en una amenaza directa para la movilidad de sus habitantes.
Un deslave puede dejar incomunicadas comunidades enteras.
Un derrumbe puede impedir el paso de ambulancias.
La pérdida de un camino rural puede significar semanas de aislamiento.
La lluvia, en lugares como Ilamatlán, no solamente es un fenómeno climático. Es un factor que amplifica las desigualdades.
En su larga gira por Veracruz, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció una inversión hidráulica importante.
De acuerdo con información oficial de Presidencia, entre 2026 y 2027 se destinarán más de 20 mil millones de pesos para Veracruz en infraestructura carretera, hidráulica, vivienda y reconstrucción. Dentro de ese paquete, la Comisión Nacional del Agua contempla más de 6 mil millones de pesos en obras hídricas para agua potable, saneamiento, protección contra inundaciones y fortalecimiento de infraestructura hidráulica.
En materia de puentes e infraestructura estratégica, durante las visitas presidenciales y los acuerdos con el gobierno estatal encabezado por Rocío Nahle García se confirmó la construcción de:
El nuevo puente Coatzacoalcos I.
El puente Boca del Río–Alvarado.
Diversas obras carreteras de conexión regional.
Programas de reconstrucción y modernización de infraestructura vial.
Además, durante actos públicos recientes se habló de una inversión sexenal acumulada cercana a 190 mil millones de pesos para Veracruz, considerando infraestructura, petroquímica, fertilizantes, energía, carreteras y obras federales estratégicas.
Por eso, cuando Protección Civil emite alertas por lluvias intensas en regiones montañosas, la advertencia adquiere una dimensión completamente distinta para quienes viven en Zongolica, Tequila, Mixtla, Texhuacán o Atlahuilco.
La temporada 2026 llega además en un contexto complejo.
Los efectos acumulados del cambio climático están alterando patrones históricos de precipitación. Los especialistas observan eventos cada vez más extremos: sequías prolongadas seguidas por lluvias concentradas en periodos muy cortos.
Ya no se trata únicamente de cuánto llueve.
Importa también la velocidad con la que cae el agua.
Importa la saturación previa de los suelos.
Importa la capacidad de absorción de las ciudades.
Importa el estado de los drenajes.
Importa la existencia o inexistencia de obras preventivas.
En teoría, los municipios tuvieron varios meses para prepararse.
La temporada de estiaje debió aprovecharse para limpiar alcantarillas, retirar azolves, reforzar taludes, revisar puentes, actualizar atlas de riesgo y capacitar brigadas comunitarias.
Ahora llega el momento de comprobar si esas acciones realmente ocurrieron o si quedaron atrapadas en informes administrativos.
Porque cuando la emergencia aparece, ya es demasiado tarde para prevenir.
La política mexicana suele enamorarse de las obras visibles.
Puentes.
Monumentos.
Bulevares.
Edificios.
Sin embargo, pocas inversiones resultan tan rentables socialmente como un drenaje funcional o un sistema eficaz de protección civil.
Son obras que rara vez generan aplausos.
Pero sí salvan vidas.
Que la temporada apenas comienza.
Los próximos meses dirán si Veracruz aprendió las lecciones de sus inundaciones históricas o si volverá a repetir los mismos errores.
Dirán si los ayuntamientos invirtieron donde debían invertir.
Dirán si los Atlas de Riesgo fueron herramientas de planeación o simples documentos archivados en la triste numeralia en la que 150 de los 212 municipios carecen de un Atlas de Riesgo actualizado o no cuentan con este instrumento preventivo.
Aunque la Secretaría de Protección Civil (PC) estatal tiene su propio mapa vigente, la mayoría de los ayuntamientos operan sin este mapeo local fundamental.
No existe la herramienta de prevención en un área donde Guadalupe Osorno Maldonado repite en el cargo por segundo sexenio al hilo.
Dirán si las obras preventivas resistieron la primera prueba seria del temporal.
Y dirán, sobre todo, si la coordinación entre Federación, Estado y municipios es capaz de responder con eficacia cuando los ríos comiencen a crecer.
La lluvia no distingue colores partidistas.
No reconoce ideologías.
No respeta calendarios electorales.
Cuando cae sobre Veracruz, pone a todos en igualdad de circunstancias frente a la fuerza de la naturaleza.
La diferencia la establece la capacidad de gobierno.
Y esa, como cada año, está a punto de ser examinada.
Los primeros avisos meteorológicos de junio anticipan lluvias intensas de hasta 150 milímetros en diversas cuencas veracruzanas, precisamente las regiones que históricamente registran inundaciones y deslaves. Es decir, la temporada apenas comenzó y ya puso a prueba la infraestructura existente.
… de otro costal
Los periodistas no se hallan ni a sí mismos.
Siempre inquietos, inconformes a toda hora, inquietos, en vigilia cotidiana provocada por litros de café, aguardiente, cerveza o licor.
Come lo que encuentra, duerme cuando puede.
Siempre quiere encontrar una hebra para dar a conocer un hecho oculto, siempre en pos de una declaración contundente.
Siempre en intento ininterrumpido por cambiar la realidad.
La entrega de premios del Club de Periodistas de México, salpicada por el reclamo a Jenaro Villamil, titular del del Sistema Mexicano de Radiodifusión.
El resorte que motivó el enojo de algunos periodistas veracruzanos citados para recibir medalla y pergamino en reconocimiento a la trayectoria, fue cuando Jenaro Villamil afirmó durante su intervención que los comunicadores en el país deben ser defensores de la patria y la soberanía, de cara a la presunta intervención de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en México.
En respuesta al «Más si osare un extraño enemigo / Profanar con su planta tu suelo, / Piensa ¡oh Patria querida! que el cielo / Un soldado en cada hijo te dio», alguien gritó que el funcionario saliera del salón de premiación.
///
Este mes se cumplen 30 años de la incursión de Esteban Bautista en el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.
La mañana del año nuevo del 1 de enero de 1994 en San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, México, miles de indígenas tomaron por las armas varias cabeceras municipales y declararon la guerra al Estado mexicano
Dos años más tarde, en junio de 1996, el subcomandante insurgente Marcos reconoció al profesor Esteban Bautista Hernández como integrante del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Junto con el hoy diputado y presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, había casi una veintena de personas que también formaban parte de Comité Civil de Diálogo «Sociedad Civil zona Náhuatl», de Tatahuicapan y Mecayapan, municipios de la sierra de Santa Marta.
Así consta en los archivos del grupo guerrillero, cuyos documentos dan testimonio del nombramiento con la firma del subcomandante insurgente Marcos, el comandante Arturo y el Mayor Insurgente Moisés y fechado en La realidad, Chiapas en junio de 1996.
En la efeméride de hace tres décadas, el Frente Zapatista de Liberación Nacional tomó protesta a Bautista Hernández y su agrupación en la selva lacandona, en Chiapas.
En las vueltas de la vida, Rafael Sebastián Guillén Vicente, el Subcomandante Marcos se perdió en los serenos privilegios del anonimato, y hoy tras la pipa y el pasamontañas se le identifica como Subcomandante Insurgente Galeano y tanto que el profesor rural Esteban Bautista es quien maneja un presupuesto de 843 millones 723 mil 020 pesos para este 2026 en l titularidad de la Junta de Coordinación Política de la sexagésima séptima legislatura veracruzana.
columnacarpediem@gmail.com



