De primera mano

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DE PRIMERA MANO

 

El desabasto en el IMSS que no existe

 

*Pacientes del IMSS Veracruz pagan de su bolsa lo que el sistema adeuda

*Herencia de AMLO, carga que Sheinbaum no puede, o no quiere, levantar.

 

Por Omar Zúñiga

 

Hoy en día, como modernos Goebbels, nos quieren repetir una mentira a fuerza de que se convierta en verdad.

Y hay una mentira que el gobierno federal repite con la misma cadencia con que alguna vez prometió que los medicamentos nunca más faltarían: la de que el desabasto es cosa del pasado.

En las unidades médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de la delegación Veracruz Norte, esa mentira se deshace al primer contacto con la realidad.

Los pacientes lo saben. Los cajones de la administradora de la Unidad de Medicina Familiar  número 10 de Xalapa también lo saben.

Derechohabientes con padecimientos cardiovasculares, respiratorios, neurológicos, cerebrovasculares y psiquiátricos llevan más de un año sin poder surtir sus recetas en las farmacias institucionales.

La respuesta al trámite es siempre la misma: se presentan, el sistema marca el fármaco como «agotado» o «pendiente de suministro», y los enfermos regresan a casa con las manos vacías y, en muchos casos, con la obligación de desembolsar entre tres y cinco mil pesos mensuales para adquirir por su cuenta lo que el Sector Salud ya debería haberles entregado.

No es un gasto menor. Para la mayoría de los afectados, representa una parte sustancial delingreso familiar.

Testimonios de los afectados ilustran, con una precisión que ningún informe oficial podría igualar, la dimensión del problema.

Cuando se preguntó en la farmacia, el responsable le respondió con una franqueza brutal: «Por instrucciones de la Presidencia (de la República), ya no hay manera de subrogar los medicamentos; si no hay, te jodes.»

La segunda parte del diagnóstico fue igual de contundente: si el sistema marca el medicamento como agotado, el médico no puede expedir la recetay sin receta, el paciente carece de mecanismo para reclamar el fármaco en el hipotético caso de que llegara después, ni para documentar que no se lo entregaron.

 

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Para documentar el optimismo… la historia no termina ahí. En la UMF 10, la administración ideó una solución que, lejos de resolver el problema, lo vuelve más opaco: adquirir directamente algunos medicamentos —sin que quede claro con qué presupuesto ni bajo qué figura legal— y distribuirlos de forma discrecional.

Los derechohabientes son anotados en una lista y les prometen una llamada que nunca llega.

Uno de los afectados regresó el día de su cita, preguntó, y la encargada de administración aseguró haberle llamado.

Falso. Le dijo que ya habían adquirido el medicamento, pero que sin receta no se lo daría.

Tras una negociación absurda, el paciente entregó su receta en junio como canje por el medicamento de mayo.

La encargada se quedó con el documento y advirtió que el siguiente mes, probablemente (casi seguro), tendría que pagarlo de su bolsillo.

Afuera de la dirección aguardaban ese día cuatro personas más, con las mismas preguntas sin respuesta: ¿por qué los cajones de la administradora estaban llenos de medicamentos que no aparecen en la farmacia? ¿Desde cuándo una UMF tiene presupuesto propio para comprar fármacos? ¿Por qué se adquiere uno de los seis que faltan y no los demás? ¿Por qué es la administradora quien decide a quién se los entrega, como si fuera una dádiva y no el ejercicio de un derecho que los trabajadores pagan con su cuota mensual obligatoria?

 

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El desabasto en el IMSS Veracruz no es un accidente ni una anomalía local: es el resultado de una política nacional de salud que fracasó de forma estruendosa durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

El Nerón de Macuspana desmanteló el sistema de subrogación y el Seguro Popular, prometió que el INSABI lo haría mejor, y terminó sepultando a millones de mexicanos bajo una crisis de desabasto que alcanzó su punto crítico entre 2020 y 2023.

Los medicamentos oncológicos fueron el símbolo más doloroso de ese colapso —niños con cáncer sin quimioterapia, madres marchando con frascos vacíos—. Hoy, la crisis se extiende de forma silenciosa hacia los tratamientos de especialidad para enfermedades crónicas, ese universo de padecimientos que no matan de golpe, pero que sin medicamento constante deterioran la calidad de vida hasta el límite de la dignidad.

Claudia Sheinbaum heredó el desastre y lo ha administrado con la misma retórica triunfalista que su antecesor.

Las mañaneras continúan produciendo cifras de abasto que contradicen lo que viven los pacientes en las filas de las farmacias institucionales.

El gobierno presume indicadores, mientras en Xalapa (por citar solamente un caso) una funcionaria reparte medicamentos desde sus cajones como si distribuyera un favor personal.

La pregunta no es únicamente si Sheinbaum puede revertir el desastre —la evidencia acumulada sugiere que no puede, o que no está dispuesta a asumir el costo político de admitir la magnitud del problema—.

La pregunta más urgente es cuántos pacientes más tendrán que endeudarse, suspender su tratamiento o arriesgar su salud antes de que el gobierno sea capaz de pronunciar tres palabras que al parecer resultan imposibles dentro de la retórica de la Cuarta Transformación: hay desabasto.

Los derechohabientes del IMSS en Veracruz no piden favores, exigen lo que han pagado.

Demandan transparencia sobre las causas del desabasto y plazos reales para resolverlo.

Claman porque el Instituto explique por qué los fármacos aparecen en cajones administrativos antes que en los estantes de la farmacia.

Este desabasto de medicamentos de especialidad se suma al de los medicamentos oncológicos, configurando lo que los propios afectados califican como un grave problema de salud pública: no solo en Veracruz, sino en todo el país.

Y mientras el gobierno siga actuando como si el problema no existiera, la única certeza que tienen estos pacientes es que el próximo mes tendrán que pagar, de nuevo, por lo que ya pagaron. Uuuufff.

 

¡Qué barbaridad!

deprimera.mano2020@gmail.com