SUMARIO

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¡Qué joda!
Gustavo González Godina
Para redactar este comentario tuve que consultar antes el diccionario de la Real Academia Española (RAE), para asegurarme -por enésima ocasión- de lo que significa la palabra “fobia”, y por lo tanto la de “homofobia”, esto a propósito del más reciente escándalo en torno a López Obrador, de quien según una supuesta entrevista al escritor Carlos Monsiváis, éste dijo (con otras palabras) que fue su novio.
En medios y artículos científicos que implican ideología (de izquierda, de género, de homosexualidad), se le agrega al significado de fobia la palabra “odio”, pero para la RAE, que es la única autoridad en la materia, fobia significa:
1. Aversión exagerada a alguien o a algo. Y anota como sinónimos: aversión, asco y repulsión. Y
2. En la psiquiatría significa: Temor angustioso e incontrolable ante ciertos actos, ideas, objetos o situaciones, que se sabe absurdo y se aproxima a la obsesión. Y anota como sinónimo: miedo.
Y la palabra aversión significa:
1: Rechazo o repugnancia frente a alguien o algo. Aversión a los espacios cerrados, hacia las serpientes… Sinónimos: rechazo, repugnancia, antipatía, aborrecimiento, repulsión, odio, inquina, y tirria.
Así que para efectos del presente comentario me voy a referir al significado número 1 de la palabra fobia: Aversión exagerada a alguien o a algo. Y por aversión, al rechazo o repugnancia frente a alguien o algo.
Yo por ejemplo le tengo aversión a las alturas, que es una de las fobias más comunes y se le llama acrofobia; también a volar en un avión, llamada ésta aerofobia; la agorafobia es la aversión o miedo a las situaciones en las que quien la sufre experimenta una crisis y no tiene a nadie cerca que la pueda ayudar; y claustrofobia es el miedo o aversión a los espacios cerrados.
Hasta ahí vamos bien, cualquiera estará de acuerdo conmigo en que tengo derecho a sentir acrofobia, aerofobia, agorafobia y claustrofobia, pero hay otras fobias que también padezco, como la ofidiofobia que es la aversión a las serpientes, la musofobia que siento al ver a una rata, y la homofobia que me provocan los homosexuales. ¿Tengo derecho también a sentir ofidiofobia, musofobia y homofobia?, o las dos primeras sí y la última no… ¿por qué?, ¿cuál es la diferencia? Según la Real Academia, hablando correctamente lo mismo puedo sentir una aversión exagerada por una serpiente que por un homosexual. Y por aversión se entiende el rechazo o repugnancia frente a alguien o algo.
Y estoy hablando exclusivamente de aversión, no de odio, yo no siento odio por los homosexuales, he tenido compañeros de trabajo gais con los que me he llevado muy bien, tuve y tengo parientes homosexuales a los que nunca odié ni odio, lo que sí odio es su exhibicionismo, sus desfiles del orgullo gay, sus certámenes de mis gay, que se quieran casar hombres con hombres y mujeres con mujeres, y que quieran adoptar niños para pervertirlos, eso sí lo odio, pero no el hecho de que sean homosexuales, cada quien puede hacer de aquellito un papalote y echarlo a volar, y si no se sienten orgullosos de estudiar una carrera, de obtener un título, de recibir un diploma, sino simplemente -como dice el Padre Pistolas de Chucándiro, Michoacán- de tener un chimuelo carnívoro, pues allá ellos, están en todo su derecho, y de eso ni quien diga nada, contra eso no hay odio.
Todo esto a propósito de una entrevista que publicó El Universal el pasado 18 de junio, que le hizo supuestamente el periodista Edmundo Cázares en 1999 al cronista Carlos Monsiváis para el Sol de México, en la que éste se expresó de la siguiente manera al pedirle su opinión sobre Andrés Manuel López Obrador, dijo:
“A Andrés Manuel lo estimo mucho, pero la verdad… ¡Está loco! Sufre desmedidos sueños de grandeza. Quiere llegar a ser un moderno Julio César o Nerón. Déjeme contarle que, hace algunos años, le di cobijo a Andrés Manuel López Obrador cuando llegó huyendo de Macuspana, Tabasco, a los 19 años de edad; había asesinado, accidentalmente, a su hermano. Lo tuve aquí en mi casa por espacio de 9 meses, pasé deliciosas y divertidas noches con él. López Obrador, por dinero… ¡era capaz de hacer lo que fuera!”.
Una deliciosa y divertida noche entre dos hombres no puede significar otra cosa más que les gusta la farándula, o en lenguaje más vulgar aún que les truena la reversa, sabrá Dios quién sería el activo y quién el pasivo, o si serían como los cruceros en las esquinas de Tepatitlán, uno y uno, vaya usted a saber… pero qué joda le pusieron al viejito de Macuspana que ahora se esconde en Palenque. Siempre se ha sabido que quien lo inició y lo impulsó en su carrera política en Tabasco, fue otro gay, poeta más o menos famoso, llamado también Carlos, éste Pellicer. O sea que ya se conocen de atrás tiempo… El mismo AMLO dijo frente a las cámaras de televisión, que quien le recomendó a Jesús Ramírez Cuevas, oootro, fue Carlos Monsiváis, por eso es tan influyente quien se desempeñó como su vocero y que se lo heredó a Claudia Sheinbaum. Se ve que se tienen un largo aprecio.
La familia de Carlos Monsiváis ya desmintió lo de la supuesta entrevista y exigió al periodista que se disculpe. Incluso se dice que éste ya lo hizo y que renunció a El Universal, pero por lo pronto qué friega le pusieron al Mesías Tropical.
A mí me da pena por sus hijos (de AMLO), pero si lo de la famosa entrevista fuera cierto y ellos ya lo sabían, y si ése fue el ejemplo que recibieron, qué se puede esperar de algunos de ellos… Así que, en lo que se refiere a López Obrador y suponiendo siempre que lo que dice el periodista sea cierto, yo me declaro ofidiofóbico, musofóbico y homofóbico. Mentiroso, corrupto y pervertido… ¡Santo Dios!, qué hicimos para merecer esto…