Columna: Resiliencia Democrática
El desmoronamiento moral de la democracia
Eduardo Sergio de la Torre Jaramillo
El tema del examen de ingreso a la UNAM continúa siendo un tema relevante por el impacto social que tendrá en el futuro inmediato, cuando estos jóvenes sean el relevo generacional insertos en la Cuarta Revolución Industrial, basada en la Inteligencia Artificial, particularmente el uso ético que se le dará en el desarrollo individual y social.
Dentro de todo esto marasmo público que experimenta México y el mundo, una voz profética fue la de Giovanni Sartori, quien antes de morir sentenció que: “pasamos del homo videns al homo cretinus” (Revisar la entrevista en: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/giovanni-sartori-pasamos-del-homo-videns-al-homo-cretinus-nid1911164/). Empero, me topé con un libro que analiza perfectamente lo que estamos experimentando hoy en día, y fue Martha C. Nussbaum en “Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades”. Veamos las ideas que plantea esta pensadora norteamericana.
El origen del problema se encuentra en el sistema educativo de todos los países, porque existe una dicotomía entre la educación “rentable”, y la educación “para la ciudadanía democrática”; el éxito económico se antepone a la ciudadanía con la capacidad de pensar por sí mismos; y dice de manera contundente: “ninguna democracia puede ser estable si no cuenta con el apoyo de ciudadanos educados para ese fin… cultivar la capacidad de reflexión y pensamiento crítico es fundamental para mantener a la democracia con vida y en estado de alerta”.
Recientemente ha habido voces, que, por ejemplo, afirman que los legisladores deben tener título universitario, eso es una enorme estupidez, ya que votar y ser votado es un derecho humano, ni siquiera en los países totalitarios su constitución exige un requisito para ser representante popular, ni China, Corea del Norte, Cuba, Rusia, entre los más representativos, aquí el problema es otro, ¿cómo hacemos ciudadanía?, porque al final, los políticos son un reflejo de la sociedad en la que viven.
Tomemos el ejemplo de China, en cuanto a su desarrollo económico de 2000 a 2010 fue del 11.4% del PIB; de 2011 a 2020, su PIB creció el 6.8%; y el año pasado se situó en el 5% del PIB; su crecimiento económico no tiene libertad política, sólo existe un partido político, allí el crecimiento económico elimina la democracia.
La base teórica de la autora parte de Sócrates, Rousseau, Tagore, Dewey, pero ella confiesa que no son suficientes ante el avance tecnológico, basta recordar que el libro fue publicado en 2010, aún no estaban desarrollados los Transformers (ChatGPT, Gemini, Claude), pero la conjunción de esas ideas se concretaba que el modelo de desarrollo humano supone un compromiso con la democracia; inclusive hace uno de los aportes más generosos en cuanto a la teoría democrática, Naussbaum dice que el “narcisismo, indefensión, impotencia, vergüenza, repugnancia y comprensión, constituyen el núcleo donde debe enfocarse la educación para la democracia”.
Los seres humanos se comportan mal, cuando: a) no se sienten responsables de sus actos, por ejemplo, la actuación bajo el anonimato, muy usual en las redes sociales, que su cobardía al no dar la cara sienten que tienen derecho a insultar; b) cuando no hay una opinión crítica; c) cuando los que tiene poder se encuentran deshumanizados y pierden su individualidad, confunden su temporalidad en el cargo, con quien son.
Resalta la importancia de la pedagogía socrática, que es la importancia de la argumentación, que ese en un valor de la democracia, no un mundo de insultos y polarizado, donde se anula el diálogo y la argumentación. Tiene una posición muy crítica frente a la tradición educativa de la “memorización”, que es una forma de formar ciudadanos “dóciles” y obedientes a la autoridad sin hacer preguntas.
Los alumnos se deben asumir como integrantes de una nación “heterogénea”, alejarse de un nacionalismo cerrado o nativista, donde la educación para la ciudadanía mundial, debe abarcar: historia, geografía, estudios interdisciplinarios de la cultura, historia de los sistemas jurídicos y políticos, el estudio de la religión y teorías filosóficas de la justicia.
Y quizá el capítulo más importante, es cuando afirma que hay que cultivar la imaginación mediante la música, y el teatro, ya que la formación artística puede y debe estar vinculada con la educación para la ciudadanía democrática.
Sin embargo, el panorama es negativo, porque la renta, donde priva esa codicia obtusa y docilidad capacitada técnicamente pone en riesgo la vida misma de la democracia.
Si todo esto lo remito al país, con la nueva escuela mexicana que es ideología pura para el mantenimiento de un pueblo “que nunca quiso crecer” (como lo denominó Ikram Antaki), que sustituye a la ciencia, la tecnología y la IA con brujos, hechiceros, chamanes, chaneques, por supuesto violando el artículo 3 de la carta magna, como suele hacer morena con la constitución, que prácticamente nos encontramos ante el desmembramiento constitucional en materia educativa, y pretender regresar a los calpullis educativos, bueno no sólo es estar fuera de la mundialización, sino que México es el mundo al revés, sólo por poner un ejemplo local, el área de Humanidades de la Universidad Veracruzana, en los años 80 y 90 eran la consciencia crítica de nuestra sociedad, hoy son los borregos de morena, los dóciles que por pensar en la renta y creer que tener un empleo en el gobierno ya se olvidaron de todo lo que representaba la crítica, ésta como un elemento de la modernidad.
Finalmente, la democracia con los embates constitucionales de morena, la está desapareciendo institucionalmente, pero además nuestro déficit de ciudadanía radica en el sistema educativo, que fomenta estudiantes-bulto, que sólo asisten a la escuela sin opinar, sin tomar posición, en fin eso será el reflejo de la propia sociedad en los próximos años, donde sólo tendrá trabajadores más nunca ciudadanos que puedan revertir la actual situación política, y que no hay que confundir el “enjambre” que se produce en las redes sociales, donde sólo es ruido y poca acción. Esta es la durísima realidad de México, donde la fuerza domina a la inteligencia, ésta como metáfora de nuestra propia bandera mexicana, en la cual el águila devora a la serpiente.

