Gabriel García-Márquez
MES DEL TESTAMENTO: CERTEZA PARA LA FAMILIA
Como todos los años, septiembre llega acompañado del Mes del Testamento, un programa que tiene un propósito mucho más importante de lo que a veces pensamos: dar certeza jurídica sobre el patrimonio familiar y evitar que, cuando llegue el momento inevitable, los bienes que con tanto esfuerzo se construyeron terminen convertidos en motivo de pleitos, incertidumbre y divisiones familiares.
Y aquí vale la pena detenernos un momento. Hablar de testamentos no significa hablar de la muerte, sino de la responsabilidad que tenemos con quienes se quedan. Porque una cosa es trabajar toda la vida para formar un patrimonio y otra muy distinta es dejar que, al faltar nosotros, sean los problemas legales los que decidan qué sucederá con él.
El Mes del Testamento busca precisamente facilitar que las personas se acerquen a una notaría, reciban asesoría y puedan establecer claramente quiénes serán los beneficiarios de sus bienes. En muchos casos, durante este mes se ofrecen condiciones especiales para hacer más accesible este trámite.
Hacer un testamento no es solamente un acto jurídico: también es un acto de previsión y, en muchos casos, de cariño hacia la familia.
NO HAY QUE ESPERAR A TENER MUCHO PATRIMONIO
Existe la idea equivocada de que el testamento es solamente para quienes tienen grandes propiedades, empresas, cuentas bancarias o una considerable fortuna. Nada más alejado de la realidad.
Una casa, un terreno, un vehículo, una cuenta bancaria, una participación en un negocio o cualquier otro bien puede formar parte del patrimonio que una persona desea ordenar para el futuro. Y no se trata necesariamente de tener muchos bienes, sino de evitar problemas posteriores.
Por cierto, un testamento también puede modificarse mientras la persona tenga capacidad jurídica para hacerlo. Es decir, la vida cambia, las familias cambian y las circunstancias económicas también. El testamento puede actualizarse cuando sea necesario. Lo importante es no dejar para después una decisión que, llegado el momento, puede ahorrar muchos problemas a la familia.
¿TESTAMENTO O DONACIÓN?
Aquí aparece una pregunta que frecuentemente surge en las familias: ¿qué conviene más, hacer un testamento o donar los bienes en vida? La respuesta depende de las circunstancias de cada persona.
El testamento permite conservar la propiedad y el control de los bienes durante toda la vida. La persona continúa siendo propietaria y puede disponer de su patrimonio conforme a la ley. Será después de su fallecimiento cuando se cumpla la voluntad establecida en el testamento.
La donación, en cambio, es un acto que se realiza en vida y mediante el cual una persona transmite gratuitamente un bien a otra. Por eso, antes de donar una casa, un terreno o cualquier patrimonio importante, es indispensable analizar las consecuencias jurídicas, fiscales y familiares de esa decisión.
Toda vez que una donación puede implicar que quien entrega el bien deje de ser su propietario, no debe tomarse como una simple alternativa al testamento ni como un trámite de rutina. Por eso resulta fundamental acudir con un notario de confianza antes de tomar una decisión.
¿CUÁNDO PUEDE SER MEJOR UN TESTAMENTO?
En términos generales, el testamento suele ser una alternativa adecuada cuando una persona quiere mantener el control de sus bienes durante su vida, pero desea dejar establecida su voluntad respecto de lo que ocurrirá con ellos después de su fallecimiento.
Esto resulta particularmente importante cuando existen varios hijos, propiedades, matrimonios anteriores, empresas familiares o cualquier otra circunstancia que pudiera generar dudas sobre la distribución del patrimonio.
El testamento permite expresar con claridad la voluntad del propietario y establecer quiénes serán sus herederos o legatarios, dentro de lo permitido por la legislación aplicable. Y hay algo todavía más importante: no hay que esperar a estar enfermo o ser mayor para hacer un testamento. Mientras una persona tenga capacidad para otorgarlo, puede hacerlo.
¿CUÁNDO PUEDE TENER SENTIDO UNA DONACIÓN?
La donación puede tener sentido cuando el propietario quiere transmitir un bien en vida y está convencido de que puede prescindir de su propiedad o desea beneficiar desde ahora a determinada persona. Pero precisamente porque sus efectos son en vida, hay que revisar cuidadosamente las condiciones de la operación.
En determinados casos puede ser necesario establecer reservas, derechos de usufructo u otras figuras jurídicas para proteger al donante. Además, deben revisarse los aspectos fiscales y las características particulares del inmueble o bien que se pretende transmitir. No existe una receta que sirva para todas las familias. Lo que es conveniente para una persona puede no serlo para otra.
Por eso, antes de firmar, hay que preguntar, entender y recibir asesoría. Prevenir también es una forma de cuidar. Mientras tanto, septiembre puede ser una buena oportunidad para poner en orden algo que muchas familias prefieren dejar para después.
Hacer un testamento no significa llamar a la desgracia ni pensar en la muerte. Significa reconocer que nadie tiene la vida comprada y que, precisamente porque no sabemos cuándo llegará el momento, tenemos la responsabilidad de dejar las cosas claras.
Por cierto, tampoco se trata de pensar únicamente en casas o terrenos. Se trata de poner en orden el patrimonio y, sobre todo, de evitar que nuestros seres queridos tengan que enfrentar después un procedimiento sucesorio complicado por no haber dejado expresada nuestra voluntad.
Sentido común nos dice que es mejor dedicar unas horas a ordenar nuestros asuntos hoy que dejar años de incertidumbre mañana. Y toda vez que cada patrimonio y cada familia son diferentes, la mejor decisión no es la que recomienda el vecino, el amigo o el familiar, sino la que se toma después de recibir una adecuada orientación profesional.
Este mes, la invitación es sencilla: acuda a su notaría de preferencia, pregunte, infórmese y tome una decisión. Porque dejar un testamento no es solamente repartir bienes. Es dejar certeza, orden y tranquilidad a quienes más queremos. Y eso, finalmente, también es aplicar el Sentido Común.

