Carta abierta al elector estadounidense

Comparte

Estimable elector estadounidense:

Permítame su atención por menos de diez minutos.

Le escribe un congénere, un ciudadano del mundo, preocupado –más bien, angustiado—por los comicios a celebrarse en su país.

De una vez le digo cuál es la conclusión, el fin, a que quiere llegar esta nota: de su voto y el de sus compatriotas depende el futuro del mundo y de la humanidad. Seguramente todos ustedes lo saben, pero el resultado de anteriores sufragios da la impresión de que ustedes no hubiesen reflexionado lo suficiente su voto; o, que su opción cambió, una vez en el poder. En vista de la globalidad –y desde antes de ella—los Estados Unidos de América poseen una inmensa influencia en los demás países del orbe; por tanto, deben ponerse sobre la mesa las mejores formas que ese influir haya de tomar. Pensar mucho y muy bien el sufragio.

Quiere decir, pensará usted, que el ciudadano de mi país debería ponerse a consultar –ahora sí que—a todo el mundo antes de definir su voto. Casi, señor, señora, le contestaría: casi…

Y no podemos negar que ha de ser bonito. Sí: que se vote en un país que es de tal manera poderoso que el sufragio no solamente sirve para que no baje la calidad de los servicios públicos, para que la economía prospere, etcétera, sino que repercute en el bienestar de la tierra en su conjunto.

Lo que leerá, pues, a continuación son puntos a considerar por el votante. Conocidísimos. Se puede decir que aquí sigue una lista de lugares comunes. Con todo y eso, los incluyo por su urgente importancia.

El problema número uno del globo, a enfrentar por todos sus habitantes, es el de la desigualdad. Los Estados Unidos ha seguido históricamente una extensa política de solidaridad, de ayuda a fin de que ese fenómeno tan agudo sea, al menos, mitigado en su agresividad. Labor titánica.

Mas, he aquí que aquel “históricamente” se ha interrumpido o regateado; y lo otro de “extensa” ahora es “reducida”: la contribución de su país a los organismos y programas que luchan contra la desigualdad se ha recortado o retirado. Esto último en muchos de los casos.

Como consecuencia de lo anterior la necesidad y el hambre crecen, el trabajo escasea o no alcanza a cubrir lo que hace falta…resultado: oleadas migratorias de los países más desiguales hacia los que lo son menos.

Política estadounidense reactiva: repeler la migración, regañar y sancionar a las naciones originarias. Eso siempre ha sucedido, me dirá. Así es, pero nunca con las maneras del presente.

Además, a los migrantes ya incluso connacionales se les persigue hasta la ignominia. Si, en un exceso de fuerza, se les mata, y la sanción hacia los consumados y evidenciados asesinos se deslava oficialmente.

Eso en un contexto en el que se ofrece y entrega recompensa por migrante detenido. Lo cual ha sacado a la calle a gente de dudosa reinserción social –es decir, con experiencia en la materia, con tendencia criminal—a sumarse a la cacería.

¿Será justo dar un voto a que esas políticas continúen?                                                   

Lo expuesto ocurre dentro de su territorio. Veamos afuera…

Hay países entre muchos otros que ahí la van pasando, penosamente, con un nivel de vida que ni en parte se parece al estadounidense; haciendo la lucha, vamos. ¿No se les ha hostilizado?, ¿no se les ha bloqueado suministros?, ¿no se les ha dejado de comprar? Nada de que no: ¡sí! ¿Por qué?, ¿a título de qué?: pues porque no comparten la ideología del imperio. O sea, persigo al que no piensa como yo. ¡Qué barbaridad! Y así queremos desterrar la desigualdad de la faz del planeta que es la mayor y creciente causa de todos los males.

En cuanto a las guerras e intervenciones militares, que unas han sido iniciativa de su Estado y otras cuentan por lo menos con su alineación, el escenario general es terrible. La producción y venta de armamento, muy elevada.

En el caso de Irán, los –digamos– pronósticos que han trascendido del resultado que se buscó, sorprenden. Y lo que sí se ve es que ambas partes se mantienen aferradas a su postura: no se vislumbra un final.

Las consecuencias en cuanto a la escasez y encarecimiento de los combustibles fósiles están asfixiando a los gobiernos, y no se ve para cuándo…

A la hora de redactar la presente carta, la autoridad iraní ha declarado que las negociaciones con los Estados Unidos son inútiles. ¿Cuándo, entonces, volará libre la paloma de la paz en esa tierra?

Permítame apelar por último a su sensibilidad respecto de las poblaciones afectadas, allá y en todos los puntos donde su nación ha entrado con su poderío, ¿se ha obtenido o está por obtener un bien legítimo?: pues lo que vemos es un rotundo no.

En suma, los verdaderos afectados de estos políticos son inermes congéneres que han visto alteradas sus vidas por argumentos que no entienden. El mundo está peor. El pago de la crisis lo efectúa el ciudadano de a pie, no los gobiernos.

He ahí mi exposición, y mi súplica a usted, elector del país más poderoso del mundo. Por favor, ponga la mano en el corazón ante las urnas.

Héctor Osoriolugo

hectorosoriolugo2013@yahoo.com.mx