Desde el Café
Patetismo presidencial
Bernardo Gutiérrez Parra
Hace unas semanas comenté que cuando el 18 de noviembre del 2018 el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, inauguró el puente que une a la comunidad de Ojite con el municipio de Álamo, muchas cejas se levantaron al ver que la placa inaugural decía “Puente Miguel Ángel Yunes Linares”. Pero nadie hizo el menor pancho.
Por generaciones, tanto autos como personas atravesaron ese tramo del río Tuxpan sobre una balsa a la que le llamó “La Balsa de Ojite”, por lo que se daba por descontado que el puente sería “El Puente de Ojite”.
Pero Yunes Linares tenía otros planes.
Queriendo perpetuar su nombre se lo puso al puente, sólo que el gusto le duró apenas unas horas porque al día siguiente la placa inaugural ya no estaba. Y desde entonces (e imagino que hasta el fin de los tiempos) el puente de Ojite se llama y se llamará Puente de Ojite.
En enero del 2025 el presidente norteamericano Donald Trump, propuso e impulsó el cambio del nombre al Golfo de México por el de Golfo de América, con el argumento de que Estados Unidos posee la mayor parte de costa en dicha zona.
Lo anterior provocó un zipizape con el gobierno de nuestro país. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó la propuesta como “la ocurrencia de alguien que ignora la historia”.
¿Logró su propósito Trump?
A medias, muy a medias.
Mientras en dependencias oficiales de Estados Unidos (es decir, para consumo interno) se utiliza el nombre de Golfo de América, tanto en Organismos Internacionales como en la Cartografía Global, en la ONU, en los tratados marítimos, en Europa, Asia, África, Oceanía y el resto de América, se mantiene de forma universal el nombre de Golfo de México, por mucho que Trump ordenara lo contrario.
Este domingo fue el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y ya sabrás lector. En nuestro país los cuatroteros sacaron sus mejores galas indígenas, se las pusieron y subieron sus selfis a las redes. “Aquí casual vestida de princesa Otomí”.
La presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó la fecha para asistir a una jornada de reforestación en las faldas de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl. Y ahí la alcanzó el genio. “Como ayer fue Día Internacional de los Pueblos Indígenas, aproveché para proponer que el Paso de Cortés sea renombrado Paso de los Pueblos Indígenas. Le pedí a Luisa María (Alcalde) que viera dónde tiene que escribirse eso, si es una propuesta y ley y tiene que aprobarse”, dijo en su conferencia de ayer lunes.
Futa…
Me permití chutarme el artículo 89 de nuestra Carta Magna que establece las facultades y obligaciones del Presidente de la República y en ninguno de sus renglones dice que está facultado para cambiar nombres a lugares históricos. Aunque eso es lo de menos. Pronto verás lector a Luisa María sacándose de la manga algo que justifique la ocurrencia.
Yo pregunto ¿este acto de evidente autoritarismo hará a la presidenta Sheinbaum más querida y admirada por los mexicanos? ¿Ayudará a que suba su ya menguada popularidad? ¿Recibirá la atronadora ovación de las madres de los desaparecidos, de los padres de los niños con cáncer, de los huérfanos por feminicidios, de médicos y enfermeras que están a años luz de trabajar en centros de Salud como los que hay en Dinamarca? ¿La hará la Estadista de América?
No, nada de eso.
Puedo asegurar que ni los supuestos beneficiarios le agradecerán el gesto que bien mirado es sectario y racista.
Un gobernador o un presidente puede tener mucho poder pero no es Dios. Yunes Linares no pudo ponerle su nombre a un puente, Donald Trump (el político más poderoso del planeta) no pudo cambiarle el nombre al Golfo de México a nivel universal como deseaba. Y no veo por dónde Claudia Sheinbaum vaya a cambiarle el nombre al Paso de Cortés aunque sea por decreto.
Qué ganas de la presidenta de reescribir la historia de este país en lugar de escribir la suya propia. Ojalá nos sorprendiera y se pusiera a trabajar en lugar de utilizar su tiempo en descontarse a una oposición que no existe, descalificar a los que no piensan como ella y en tratar de desviar los graves problemas que nos afectan a todos, con ocurrencias como la de este lunes.
Y es que, qué patética se vio la señora presidenta.
PD. A quienes se han preocupado por mi salud mi agradecimiento infinito. Las cosas no van bien, pero al menos van y eso ya es ganancia. Por lo anterior, mi columna no se publicará de lunes a viernes como era costumbre sino literal, cuando Dios así lo disponga. Por tu comprensión muchas gracias, querida lectora y apreciado lector.
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