Gabriel García-Márquez
LA SALUD DE VERACRUZ SIGUE EN TERAPIA INTENSIVA
Hay problemas que no pueden resolverse con discursos ni con anuncios de última hora. El desabasto de medicamentos y las deficiencias que persisten en los servicios públicos de salud de Veracruz son algunos de ellos.
Comprar medicamentos es indispensable, pero no suficiente. Tener medicinas en los almacenes no garantiza que lleguen oportunamente al paciente, de la misma manera que tener un hospital abierto no significa necesariamente que esté funcionando a toda su capacidad.
Por eso, las deficiencias del sistema de salud deberían convertirse en una oportunidad para hacer algo mucho más ambicioso: una revisión integral, transparente y permanente de la atención médica en Veracruz. Pero antes de hablar de responsabilidades, hay que poner las cosas en su lugar.
CADA UNO DEBE ASUMIR SU RESPONSABILIDAD
Con la transformación del sistema de salud y la operación de IMSS-Bienestar, una parte fundamental de la prestación de los servicios médicos públicos corresponde al ámbito federal. El abasto de medicamentos, la operación de determinados hospitales y unidades médicas, la contratación y administración de personal dentro de la estructura federal y buena parte de las decisiones presupuestales de IMSS-Bienestar no dependen exclusivamente del Gobierno de Veracruz. Y eso debe decirse con claridad.
Si el problema está dentro de IMSS-Bienestar, la responsabilidad política y administrativa corresponde a sus autoridades federales. Ahí debe explicarse qué está fallando, quién toma las decisiones y qué medidas se están adoptando para corregirlo.
Mientras tanto, esto tampoco significa que el Gobierno de Veracruz pueda desentenderse. Por esto la gobernadora Rocío Nahle García tiene la responsabilidad política de velar por la salud de los veracruzanos y así lo está haciendo, coordinándose con la Federación y exigiendo que los servicios que presta IMSS-Bienestar funcionen adecuadamente en la entidad.
Pienso que aquí está uno de los puntos centrales del problema: la ciudadanía no distingue entre una ventanilla federal y una estatal cuando necesita atención médica. Para el paciente, el sistema de salud es uno solo. Pero la Federación debe responder por lo que administra. El Estado debe responder por lo que le corresponde y, además, debe gestionar, coordinar y exigir soluciones en aquello que depende del Gobierno Federal.
NO BASTA CON LLENAR LOS ANAQUELES
El primer paso debe ser conocer la realidad. Veracruz necesita saber cuántos medicamentos están disponibles, cuáles hacen falta y en qué hospitales se registra el desabasto. También necesita conocer cuántos equipos médicos funcionan, cuáles permanecen fuera de servicio, qué hospitales requieren mantenimiento urgente y dónde existe déficit de médicos especialistas. Parecen asuntos elementales, pero precisamente por eso deberían tener respuestas claras y públicas. Toda vez que no se puede administrar lo que no se conoce, debe existir un inventario actualizado de hospitales, clínicas, medicamentos, equipos e infraestructura.
Un inventario que permita distinguir qué corresponde resolver a IMSS-Bienestar y qué compete directamente al Gobierno del Estado. Porque tampoco sería correcto exigirle a la administración estatal que resuelva con recursos propios un problema que pertenece a la estructura federal.
MÉDICOS, EQUIPOS Y HOSPITALES QUE FUNCIONEN
El gran reto es recuperar la capacidad instalada. Hay equipos médicos que requieren reparación; otros necesitan renovación. Hay infraestructura que necesita mantenimiento y hospitales que requieren inversiones para poder operar adecuadamente.
No tiene sentido inaugurar infraestructura nueva mientras otra permanece deteriorándose por falta de mantenimiento, un rezago que viene desde administraciones anteriores. Tampoco tiene sentido comprar tecnología médica de alto costo si después no existen recursos para conservarla funcionando o personal capacitado para utilizarla. Y de poco sirve contar con instalaciones y equipos modernos si no hay especialistas para atender a los pacientes.
Mientras tanto, cada hospital debe tener perfectamente identificadas sus necesidades y prioridades, para que los recursos lleguen primero a donde más se necesitan.
RAMOS ALOR Y LA RESPONSABILIDAD FEDERAL
Y aquí aparece un asunto que tampoco debe confundirse en materia de competencias. La actuación del delegado de IMSS-Bienestar en Veracruz, Roberto Ramos Alor, corresponde al ámbito de la estructura federal. Por ello, las críticas a su conducción, particularmente por su relación con los médicos residentes, deben ser atendidas por las autoridades de IMSS-Bienestar y por la Secretaría de Salud federal.
El malestar provocado por su manera de conducirse con el personal médico llegó al extremo de generar una manifestación encabezada por trabajadores de la salud. Cuando los médicos tienen que salir a la calle para exigir ser escuchados por quien debería encabezar una institución dedicada precisamente a cuidar la salud, queda claro que algo no está funcionando bien.
Por cierto, los cargos públicos no son propiedad de nadie. Son responsabilidades que deben evaluarse por resultados, capacidad de conducción y trato al personal. Pienso que la actuación de Roberto Ramos Alor debe ser revisada seriamente por sus superiores y, si la evaluación de su desempeño así lo determina, debe ponerse sobre la mesa su posible destitución.
No corresponde a la gobernadora decidir directamente sobre un cargo federal, pero sí corresponde al Gobierno de Veracruz hacer valer la voz de los veracruzanos y exigir a la Federación que sus funcionarios cumplan con su responsabilidad.
Toda vez que la salud pública no puede convertirse en un campo de confrontación entre funcionarios y médicos, IMSS-Bienestar debe demostrar que tiene capacidad para escuchar, conciliar y resolver. Mientras tanto, los pacientes y el personal médico no pueden quedar atrapados en una disputa de competencias burocráticas, porque la salud no puede seguir esperando.

