- Ante los tiempos difíciles en México y Veracruz, necesario que todos colaboren en la construcción de la paz y la instauración del bien común.
Ante los tiempos difíciles que vivimos en México y en Veracruz, es necesario que todos los ciudadanos, sin excepción alguna, colaboremos para la construcción de la paz y la instauración del bien común en todas las estructuras sociales.
Lo anterior se desprende del comunicado dominical emitido por la Oficina de Comunicación social de la Arquidiócesis de Xalapa, en donde se destaca que nadie debe excluirse de la participación responsable para cambiar las estructuras sociales caducas y enfermizas desde dentro con el trabajo y dedicación de cada día.
“Solo juntos podemos, con la fuerza de la fe en Cristo, instaurar un cambio real donde haya menos desigualdades y más justicia social”, se indica en el documento signado por el Presbítero Juan Beristain de los Santos.
En el comunicado se subraya que en nuestro país hay más de 20 millones de ciudadanos que necesitan de un verdadero servicio para incorporarlos al desarrollo integral del País.
“Los pobres no deben ser utilizados para ninguno otro fin que no sea sacarlos adelante de la pobreza estructural que viven cada día e incorporarlos al desarrollo integral y total”, se añade.
Se hace referencia al pasaje bíblico del evangelista San Juan, quien registra la inquietud de tener certeza sobre la identidad del Mesías que el apóstol Felipe le manifestó a Jesús: «Señor, muéstranos al Padre, y nos basta» (Jn 14,8). La respuesta de Jesús a Felipe es muy importante para la vida de fe de todo bautizado: «¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: ¿Muéstranos al Padre? (Jn 14, 9)”.
El diálogo entre Felipe y Jesús muestra que al Mesías solo se le puede conocer y dar a conocer a los demás por la fe, la vivencia de sus enseñanzas, la convivencia con Jesús y el descubrimiento de sus acciones en favor de los pobres.
Para poder servir a los más pobres como Jesús lo ha hecho se requieren, al menos, tres requisitos básicos: Buen testimonio de vida ante los demás, fuerza del Espíritu Santo para mantenerse en el servicio desinteresado y auténtica sabiduría para las responsabilidades del servicio a los otros (Hech 6, 3), se señala por último.



