Resulta y Resalta
Por Alejandra Herrera
RESULTA que… a partir del próximo 3 de noviembre los alumnos de primaria y secundaria tendrán que guardar el celular durante la jornada escolar, incluso en el recreo, una medida que ha generado opiniones de todo tipo, pues mientras algunos padres y maestros la consideran necesaria, otros se preguntan si prohibir realmente va a resolver el problema.
Quizá no lo resuelva por completo, pero por algún lado había que empezar.
Y es que el celular se nos fue de las manos y no solamente a los niños, durante años los adultos lo han convertido poco a poco en la niñera perfecta, pues no cobra, no se cansa, entretiene durante horas y permite que mamá y papá puedan hacer otras cosas mientras el niño está tranquilo viendo videos, jugando o pasando de una aplicación a otra, como el tik tok.
El problema es que esa niñera también educa, les dice qué mirar, qué consumir, qué comprar, cómo hablar, qué está de moda y hasta qué pensar y muchas veces pasa más horas con los niños que los propios padres.
Después el niño llega a la escuela, se sienta frente a un maestro y ahora se pretende que durante cinco o seis horas deje de necesitar esa estimulación permanente a la que están en los últimos años acostumbrados.
Y entonces ahora resulta que el problema es de la escuela y los maestros tendrán que resolver.
RESALTA que… la decisión que se ha tomado de suspender el uso del celular puede ser una buena oportunidad, pero solamente si se entiende que guardar el celular en la mochila no va a hacer magia.
La escuela podrá impedir que un alumno revise TikTok en Matemáticas o que pase el recreo viendo una pantalla, pero difícilmente podrá competir si al llegar a casa vuelve a tener el teléfono durante cuatro, cinco o seis horas sin supervisión.
Y algo se tendrá que cambiar de forma más profunda, porque los resultados educativos de México son preocupantes.
La prueba PISA colocó nuevamente a México por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias. Apenas 34 por ciento de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel básico de competencia en matemáticas y en lectura fue 53 por ciento.
Hay muchas razones detrás de esos resultados, por supuesto, sería absurdo culpar solamente a los celulares, pero hay un dato que llama la atención: uno de cada cuatro estudiantes mexicanos reconoció distraerse en clase utilizando dispositivos digitales.
Entonces quizá sí valga la pena intentar algo diferente, pero aquí es donde también entran los papás, las familias, porque sería muy cómodo entregar a los niños en la puerta de la escuela, pedirle al maestro que durante seis horas los aleje del teléfono y sentir que el problema ya quedó resuelto cuando al salir, en casa se le vuelve a permitir su uso.
Y es que no, el celular no llegó solo a la mochila, los adultos los compran, pagan el internet, se es da a los niños para que estén entretenidos mientras los padres comen en un restaurante, mientras trabajan o simplemente para tener un rato de tranquilidad.
También son los padres quienes muchas veces le escriben a sus hijos durante la jornada escolar para preguntarles si ya comieron, cómo les fue en el examen o a qué hora van a salir.
Por eso esta medida puede terminar siendo más interesante y funcional de lo que parece, siempre y cuando no se quede solamente en una prohibición en la escuela y también se extienda a casa.
Así el gobierno pone las reglas, las escuelas las hacen valer y los padres también deberán hacer su parte en casa, para volver a tener niños que no puedan aburrirse sin tener que mirar el celular cada dos minutos que imaginen, lean, platiquen, jueguen, convivan y hasta resuelvan un problema sin necesitar una pantalla.
No se sabe aún si restringir los celulares mejorará las calificaciones, pero al menos durante unas horas ojalá regresen esos recreos con niños hablando, corriendo, jugando y seguramente hasta peleándose por cualquier tontería como antes.
Lamentablemente después sonará el timbre, saldrán de la escuela y les devolverán el teléfono, ahí terminará la responsabilidad de la SEP y de la escuela.



