“De la mano de Dios toda dificultad se hace soportable”: Padre José Manuel Suazo

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“Las pruebas de la vida nos hacen volver la mirada a Dios y nos llevan a unirnos con él. De la mano de Dios toda dificultad se hace soportable porque nos ayuda a practicar la mansedumbre y la humildad. El orgullo y la vanidad en cambio nos hacen rebeldes y nos llevan a la desesperación”, así lo expresa este domingo el padre José Manuel Suazo Reyes, párroco de San Miguel Arcángel en Perote.

Al reflexionar sobre el Evangelio de San Mateo de este domingo, el clérigo católico, especializado en Sagradas Escrituras en Xalapa, Ciudad de México, Roma, Jerusalén y Londres indica que “Dios ha escogido a los humildes y a los sencillos para darles a conocer los misterios del reino. La segunda parte del evangelio nos presenta una exhortación, se trata de una invitación que hace Jesús para acercarse a él con la finalidad de encontrar alivio en medio de las dificultades”.

Compartimos aquí su pieza homilética para atender el interés de lectores y lectoras:

“Lámpara es tu Palabra para mis pasos, una luz en mi sendero” (Sal 119, 105)

XIV Domingo Ordinario. Ciclo A

VENGAN A MÍ…Y YO LOS ALIVIARÉ

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

El evangelio de este domingo (Mt 11, 25-30) contiene dos partes importantes, la primera nos presenta una hermosa oración de gratitud por parte de Jesús a Dios Padre por la forma como él ha procedido en la revelación. Dios ha escogido a los humildes y a los sencillos para darles a conocer los misterios del reino. La segunda parte del evangelio nos presenta una exhortación, se trata de una invitación que hace Jesús para acercarse a él con la finalidad de encontrar alivio en medio de las dificultades.

Jesús reconoce que la aceptación de su mensaje no ha sido fácil pues ha encontrado resistencias de parte de un sector: “los sabios y entendidos”. Éstos deberían descubrir con mayor facilidad las cosas bellas, justas y profundas que contiene el Evangelio predicado por Jesús. Él predica el reino de Dios y revela sus misterios por medio de parábolas, pero los fariseos, los escribas y los sumos sacerdotes no quisieron recibir su mensaje. Jesús por otra parte reconoce que son los sencillos y humildes quienes acogen su Palabra y por ello alaba a su Padre y le da las gracias.

Ciertamente muchas veces las capacidades de una persona pueden suscitar el orgullo y la vanidad y cuando eso sucede, en lugar de servir a la verdad, se vuelven nocivas ya que endurecen el corazón humano. Es esta realidad la que encontró Jesús en un sector de la gente que lo conoció. En cambio los humildes y los sencillos mostraron una gran apertura al mensaje de salvación que Jesús los ofrecía.

En la segunda parte Jesús hace una invitación a todo el que sufre. Con su invitación, él se revela como alguien que tiene un corazón sensible y misericordioso: “vengan a mí todos los que están agobiados y yo los aliviaré”.

¡Qué reconfortante resultan estas palabras de parte del Señor! La vida en general nos pone muchas veces en una situación de necesidad, nos hace experimentar el dolor y la tristeza; nadie está exento de enfrentar alguna situación que llena su corazón de un profundo dolor.

Por lo mismo cuando nos sintamos cansados y agobiados, en lugar de desanimarnos debemos alzar los ojos al cielo y recordar estas hermosas palabras de Jesús. Dios no es indiferente al dolor humano, él está cerca de todo hombre que sufre y nos consuela con el aceite de la esperanza y el bálsamo de su Palabra. Ante cualquier pena que embargue nuestro interior hay que recordar siempre esta invitación de Jesús y seguramente nos reanimaremos y llenaremos de consuelo y esperanza.

Jesús dice además que “hay que tomar su yugo”, “mi yugo es suave y mi carga ligera”. El Yugo de Jesús es un yugo de amor, y el amor lo hace todo más fácil. San Agustín decía: Donde hay amor, no hay pena, y si hay pena esta es amada, y así se vuelve ligera.

En conclusión, las pruebas de la vida nos hacen volver la mirada a Dios y nos llevan a unirnos con él. De la mano de Dios toda dificultad se hace soportable porque nos ayuda a practicar la mansedumbre y la humildad. El orgullo y la vanidad en cambio nos hacen rebeldes y nos llevan a la desesperación.